
Sostener la síntesis quizá parezca un recurso fácil de intelectual de provincias, pero resulta interesante constatar que ambos –Eco y Tabucchi- tienen un poco de razón, que los dos forman la figura de un solo intelectual, deformados por las contradicciones de tiempos oscuros. Una parte se inclina hacia el silencio; la otra, hacia la palabra. Pero la palabra no alcanza la contundencia de una denuncia y el silencio tampoco adquiere la solidez de una respuesta. Ambos se encuentran atrapados en el mismo laberinto. Los minotauros han muerto. También se han desvanecido los misterios, los mitos, las certezas.
Los debates entre intelectuales parece que sólo son alimento para livianas mariposas, visto como está el patio. Todo parece reducirse a escaramuzas mediáticas. Sin embargo de vez en cuando nos seduce una tangible nostalgia por esos tiempos en que la gente se peleaba por sus ideas y esas ideas eran parte de un modo de entender el mundo, la política, el arte. Esa época en la que los intelectuales eran escuchados, porque eran portavoces de momentos de cambio.
Puestos a seducirnos con una suerte de humorada y de amarga risa sobre el asunto hagámoslo con el libro “La gastritis de Platón”, del propio Antonio Tabucchi. No sé si después de la lectura o del análisis de la realidad política y social seremos un número más en el ejército de los pensantes escépticos conformistas –Eco- o nos convertiremos en ... vete tú a saber qué.
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