Esta tarde, 7 de diciembre, se la he dedicado a Neruda y a las conchas. En el Instituto Cervantes, antes Banco Central, hay una exposición de parte de la colección de conchas de don Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto. Casi cuatrocientas caracolas –seleccionadas entre las 9.000 que Pablo Neruda donó a la Universidad de Chile en 1954– se exponen en el Instituto. Y versos, muchos versos que nos recuerdan el mar, los mares nerudianos. Hay algunas curiosidades como la caracola regalada al poeta por el líder chino Mao Ze Dong o la concha autografiada que le obsequiara Rafael Alberti. Pero lo importante es el reencuentro con la poesía y con el alma enorme y social de el autor de Odas elementales, Canto general o Residencia en la tierra. La voz del poeta, sus libros, los versos, la nostalgia, todo a la vez en esta hermosa tarde de diciembre en la que no cabía un alfiler en Sol o en la Plaza Mayor. Luego me he comprado el último de Paul Auster, Invisible. Ahora escucho un concierto de violín por el mágico Oristrach. Un beso me ha cerrado la boca. ¿Se puede pedir más?
lunes, 7 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
DAR LA VIDA POR LA CONSTITUCIÓN
"Alta traición" es un hermosísimo poema de José Emilio Pacheco, con el que quiero celebrar el 31 aniversario de la Constitución.
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
SPHERA ANTIQVA EN TALAVERA DE LA REINA
Sphera AntiQva es otra cosa. Es música de verdad, sin trampa. Quien tenga ocasión que no se lo pierda. Quien quiera ver algo de lo que hace esta agrupación puede encontrarla en Youtube o el postcad de Radio Clásica del día 16 de octubre en la WEB de Radio Nacional.
El Concierto lo titulan: Con Alma de Viaje: TransOceanic BaroQve. Sphera AntiQva nos propone un viaje musical durante el siglo XVIII. Como si de una nave a través del océano se tratase, Sphera AntiQva nos acerca a las frondosas selvas de Sudamérica al tiempo que nos da a probar esa música que resonaba en los caminos y catedrales europeas. La literatura violinística de Casellas o el riguroso contrapunto de Rodríguez de Hita cristalizan en un programa vertebrado por el barroco de las lejanas misiones jesuíticas del río Amazonas, donde se produjo el mestizaje de lo europeo con lo indígena durante los siglos XVII y XVIII. Durante el concierto Con alma de viaje, lo tribal se entrelaza con lo religioso y la técnica con las emociones, resultando, como paisaje sonoro, un exquisito barroco nativo llamado Barroco Misional.
Programa del concierto.
La propuesta musical que ofrece Sphera AntiQva resulta novedosa y atractiva dado que, la interpretación históricamente recogida del siglo XVIII, con montaje de instrumentos y afinación a la manera de la época, supone un acontecimiento musical absolutamente nuevo dentro del territorio nacional. Este proyecto está refrendado con su inclusión en el Festival Internacional de Música de Canarias
ILa propuesta musical que ofrece Sphera AntiQva resulta novedosa y atractiva dado que, la interpretación históricamente recogida del siglo XVIII, con montaje de instrumentos y afinación a la manera de la época, supone un acontecimiento musical absolutamente nuevo dentro del territorio nacional. Este proyecto está refrendado con su inclusión en el Festival Internacional de Música de Canarias
"Dos canciones instrumentales" de Rodríguez de Hita (1724–1787)
"Qué blando el afecto". Recitativo y Aria de Jaime Casellas (1690–1764)
“In hac mensa novi Regis”. Motete (AMMoxos. Bolivia), Anónimo
“Quis me a te sponse separábit”. (AMMoxos. Bolivia), Anónimo
II
"Marionas" de Francisco Guerau (1649-1717)
"Capriccio sopra la Ciacona" de Giovanni B. Granata (1620–1687)
"Sonata V": Allegro, Andante, Minueto-allegro, Anónimo (Bolivia, c. 1750)
"Sonata VI": Obertura-allegro, Adagio, Allegro, Anónimo (Bolivia, c 1750)
La orquesta Sphera AntiQva es una formación instrumental cuyos objetivos principales son la interpretación del repertorio musical con criterios historicistas y la recuperación y difusión del legado musical hispánico. ¡Y HA NACIDO EN CASTILLA-LA MANCHA!
lunes, 9 de noviembre de 2009
Negro
Trabajo como un negro. Mi oficio es de negro. Esto está muy negro. ¿Qué será lo que tiene el negro? Negra es la pena. La sangre se pone negra. Hay quien admira la belleza, pero teme el talento ¿será negro?
jueves, 5 de noviembre de 2009
¡QUÉ DESCANSADA VIDA...!
Si nuestra patria es la infancia, aseguro que yo tuve la mejor patria del mundo. Mamé hasta cuando correteaba por la calle. Las puertas de mi casa estaban siempre abiertas. Jugué a la pelota en la plazuela. Di un balonazo en la cabeza a la tía Cristina y, desde entonces, ya no volvió a ser la misma. Hice desollones en la pared de la tía Clementa. Fui a huertos. Compré azofaifas. Toqué las campanas en el entierro de Agapa. Recé el rosario en casa de más de un muerto ¡de cuerpo presente! Ayudé a misa en latín. Introibo altare dei. Bebí leche en polvo y comí queso de bola amarillo en la escuela. La calle era mía, de verdad. ¡Qué patria! ¡qué libertad!, ¡qué onza de chocolate con pan! Calcé botas katiuskas. Tuve memoria de elefante. Leí en voz alta a mi abuelo y me daba unas perillas. Me sentaba -nos sentabamos- frente a donde las chicas saltaban a la comba... ¡para verles las bragas! Comía cocido todos los días y cenaba de cuchara. A la caída de la tarde nos asombraba ver venir la luz. El coche del tío Mateo tenía su encanto. La escuela era la vida, sobre todo la vida en común. Amigos... ¡cuántos amigos que aún perduran! También tebeos, nada radio, nada televisión. La lumbre, las migas, la matanza, correr el vino con mi abuelo. El horno de la tía Leocadia. El solar. Las pedreas. Repartir el periódico con Antonio e ir con uno tapando el culo...¡por si acaso el tío Pinta...! Jugar al malaleche. Subir a la torre y ver cómo Dustiano daba una vuelta por el vacío exterior... Tener novias sin que ellas lo supieran. Ir al baile de las bodas de gorra. Dichosa edad... ¡Qué patria tan hermosa mi infancia!
domingo, 1 de noviembre de 2009
FELIPE CENTELLES BOLÓS IN MEMORIAM
Felipe Centelles, sociólogo, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y, sobre todo, buena persona, ha muerto el último día de octubre, en Toledo, y ha sido incinerado el Día de Todos los Santos. Ha luchado contra lo imposible durante algo más de un año y lo ha hecho con valentía, con voluntad, con conciencia y con la envidiable actitud y la sencillez de una persona que mira de frente la realidad y no pierde el humor. Así fue siempre.
Como las cosas humanas no sean eternas, especialmente las vidas de los hombres, y como la de Felipe no tuviese privilegio del cielo para detener su curso, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba.
Turolense inquieto, trotamundos y correcaminos, llegó bien joven a Toledo y aquí se quedó. Para él la vida era una escalera infinita sobre la que había que ir subiendo peldaño a peldaño. Así fue paso a paso, sin prisa y sin pausa, promocionando de educador a profesor en la Universidad Laboral y luego titular en la Universidad castellano-manchega. La sociología le debe estudios interesantes. El interés por los libros le llevó a crear la editorial Azacanes, que ha logrado un buen fondo. La política le llenó el corazón de razones o las razones de sentimiento. Fue concejal de Toledo en tiempos revueltos y mantuvo el tipo y la coherencia. El socialismo realista y el humanismo social fueron su bandera. No admitía doblez y siempre buscó la línea recta, como buen casco azul, al que le interesaba más la paz que el conflicto. Los medios de comunicación siempre han tenido en él un colaborador que no falla. También en los medios se enseña y se defiende una idea, pensaba Felipe. Su vida no ha sido larga, pero sí que ha sido rica de experiencias.
De juicio libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, siempre estuvo en su sitio, es decir, con la gente y frente a la hipocresía, y apreció más la amistad que los honores.Ni hacemos pucheros ni derramamos lágrimas en esta hora del dolor cercano, porque nos alimenta su imborrable recuerdo. Y para Felipe, no se me ocurren mejores palabras que las que dedica Cervantes al gran personaje de su novela, que bien se las podemos aplicar a él los que le conocimos y tratamos: “…en tanto que don Quijote fue Alonso Quijano el Bueno, a secas, y en tanto que fue don Quijote de la Mancha, fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían”.
Su madre, su mujer, su hijo, sus amigos, sus colegas, todos, guardamos la memoria de su afecto, el buen talante de su trato y el legado de su vitalidad admirable.
viernes, 30 de octubre de 2009
EQUILIBRANDO
Este fin de semana voy a ver si equilibro mente y cuerpo. Respiraré aire azul y verde. Practicaré algo de meditación que es una manera muy accesible y realista (y no mística) de desarrollar la contemplación y la apertura mental. No olvido que "la máquina" necesita alinearse en forma continua. Por eso, hay que tener voluntad de encontrar las formas de fortalecer la conexión "cuerpo-mente-emociones". Ya os contaré.
lunes, 19 de octubre de 2009
LA BODA DE MARIO Y ROSA

La boda es un rito social interesante. Nadie llora. La juventud ríe con la pulsión propia de la edad. Los mayores nos sentimos rejuvenecer. Echamos de menos a quienes nos están pero tenemos un recuerdo positivo. Así fue la de Mario y Rosa. Para mí tuvo un punto especialmente emocionante, en el que estuve a punto de caramelo y la emoción me la bebí en lagrimillas internas, fue cuando sonó la música de Brave Heart. Javier y Mario unidos en un sentimiento. Y yo con ellos dando un repaso a la vida, al cuento de Carlitos, las carreras, algunos entripados. Rosa y Mario estaban como varas de mimbre. La madrina como un brazo de mar en un atardecer fucsia y naranja. Y la luz de Sevilla, del campo sevillano, el albero, el cortijo...Una homilía extraordinaria, esa es la iglesia que engancha con el pueblo y no la de retórica hueca. Luego el cóctel. Tiempo para hablar unos con otros, para abrazar, para sonreír, para tomar un manzanilla estupendo y unos bocaditos excelentes. La cena, en la que tuve arte y parte en el diseño, abundante, demasiado abundante, vista hoy. El rape en ensalada con berros, ¡guay! La carne de retinto, superior. El postre de chocolate, angelical. Los convidados, en su justo equilibrio. Enhorabuena. Y mi corbata, oh mi corbata, ¡un monumento gongorino! ¡un poema floral! ¡una resurrección de la primavera cuando la de los rosados dedos acarica el horizonte!
jueves, 8 de octubre de 2009
REFLEXIÓN DE OTOÑO
¡Dichosa edad...! Cuando uno es joven, está impelido y determinado a decir "las cosas tal cual son”, "tal cual se sienten", sin importar el más allá de las palabras. Luego, ese fuego se atempera por la compasión de los años y los alifafes de la vida con dilemas -y paradojas- de nuestra propia existencia -experiencia vital, quiero decir-, tanto personal como profesional. Nuestras certezas lentamente dan paso a nuestra humildad y a una creciente sensación de que hay muchas maneras de decir “las cosas tal cual son”, "tal cual las sentimos" y, ahora, por fin, "como las pensamos"; cualquier situación puede ser matizada por la experiencia desde múltiples perspectivas. Esta es la sabiduría que nos da el tiempo: la de ver las cosas con otras emociones y otros conocimientos... Sabe más el diablo por viejo que por diablo. Estas otras perspectivas son las mismas que podríamos alcanzar abriéndonos a otros; compartiendo con personas de otras generaciones, otras procedencias y otras vivencias. Conversar, abrirse, contar, tener confianza libre... ¡nos falta tanto de esto! La magia de la diversidad es la de oferecernos todas esas perspectivas sin necesidad de envejecer.lunes, 5 de octubre de 2009
"EL VIAJE DEL ACTOR", UNA LECCIÓN DE TEATRO
En el teatro de Rojas de Toledo ha tenido lugar el estreno nacional de la dramaturgia de Francisco Plaza sobre textos de Chejov, El viaje del actor, por la compañía Puro Teatro y Producciones Teatrales Contemporáneas. Esta obra, además de ofrecer un texto impresionante y con contenidos que acercan el teatro y la vida a nuestra realidad social, es una auténtica lección tanto de interpretación como de dirección.Trabajo, rigor e imaginación es la síntesis de la excelente dramaturgia, El viaje del actor, que nos propone Francisco Plaza sobre textos dramáticos y narrativos del naturalista Chejov y del propio Plaza. Teatro y metateatro se unen en una pieza plena de valores que sorprende al espectador no solo por su excelente mensaje, una verdadera, aguda y adecuada reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sino por sus permanentes cambios de registro, que terminan por ofrecer una dinámica lección actoral, especialmente la que pone en pie Roberto Quintana.
Los personajes, como la vida misma, contraponen lo “nuevo” y lo “viejo”, la ficción y la realidad y cada uno de ellos mantiene sus principios, sus anhelos, sus pasiones y su drama para construir un relato coherente sobe el escenario. “El viaje del actor” es teatro para ver y para reflexionar. Tan acostumbrados como estamos a que las nuevas dramaturgias desplacen la palabra, que siempre es la introductora del conflicto, a un lugar inoperante y marginal sometido a los signos plásticos, que esta propuesta de Plaza nos hace gozar con el verdadero veneno del teatro. La escenografía realza, la iluminación matiza el espacio, el gesto comunica emociones perceptibles y la palabra reina en el escenario por encima de todo.
Desde que se alza el telón sobrecoge la desnudez del escenario que subraya la pureza del teatro. Sobre telones caídos y atrezzo desmontado, viéndosele las entretelas a la caja italiana del Rojas, se inicia la primera escena que ya nos atrapa desde ese instante y jugará con nosotros, los espectadores, hasta la última. Del asombro surge el pensamiento.
El viaje del actor resulta una lección de teatro, una lección de dirección de actores y una lección de interpretación tanto en clave cómica como dramática.
La obra nos espeta verdades como puños: la valoración del éxito rápido más que el talento, el ascenso social de los mediocres y la marginalidad de las personas más lúcidas que se niegan a participar en las “novedades” de la adulación a la corrupción establecida y el éxito fácil. A la vez Francisco Plaza, que no Chejov, realiza un análisis certero de los males que aquejan al teatro actual, que solo busca agradar para ser rentable al empresario, sin importarle la profundidad de la cultura. Es atrevido en la ironía y expresivo en la crítica; es tan claro que no se oculta bajo la sombra de cinismo alguno. Vaya mi aplauso a Plaza por decir lo que siente sintiendo lo que dice y proponiendo este teatro necesario frente a tanta vacuidad generalizada.
La obra es una delicia para los amantes del arte teatral, en la que se ponen de manifiesto los temas universales como la exaltación de la juventud, la conciencia de la caducidad del tiempo y de los males que la vejez entraña, el propio valor simbólico de las obras de Chejov, la decrepitud, la soledad y la muerte de un modelo de actor y de persona que es sustituido por otro acorde con los nuevos tiempos, a pesar de gritar que “donde hay talento no hay vejez”. Además, la obra entraña una segunda lectura, un recorrido de referencias a piezas clave de la literatura dramática de todos los tiempos con significativos guiños a Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo. En realidad más que guiños son matices simbólicos y un paseo literario por la dramaturgia universal.
Los actores son el complemento ideal para llevar a buen puerto un texto extraordinario. José Luis Martínez multiplica los matices cómicos armonizando sin histrionismos el gesto y la palabra con un manejo eficiente de los registros de voz; Juan Carlos Castillejo, tierno y entrañable como un Sancho con don Quijote, borda un papel nada fácil para enlazar lo cómico y lo dramático; Patricia Montero encuentra en esta obra el debut más prometedor; y Roberto Quintana, simplemente genial, que nos recuerda en sus maneras a Stanisvlaski, que fue quien vio la necesidad de crear un modo de representar basado en la naturalidad del actor para expresar de forma adecuada las tribulaciones y los sentimientos de los personajes de Chejov.
El viaje del actor es una de esas obras, producida en Castilla-La Mancha, de la que hay que sentirse orgulloso. Es una obra enormemente esperanzadora en el panorama del teatro actual. Es un texto y una propuesta escénica de calidad que recupera el teatro en esencia, en estado puro y que supone un titánico esfuerzo actoral, especialmente para el protagonista. En suma, es una lección de amor al teatro, que nadie que se sienta persona sensible y ciudadano con inquietudes debiera dejar de ver.
"EL VIAJE DEL ACTOR", UNA LECCIÓN DE TEATRO
En el teatro de Rojas de Toledo ha tenido lugar el estreno nacional de la dramaturgia de Francisco Plaza sobre textos de Chejov, El viaje del actor, por la compañía Puro Teatro y Producciones Teatrales Contemporáneas. Esta obra, además de ofrecer un texto impresionante y con contenidos que acercan el teatro y la vida a nuestra realidad social, es una auténtica lección tanto de interpretación como de dirección.
Trabajo, rigor e imaginación es la síntesis de la excelente dramaturgia, El viaje del actor, que nos propone Francisco Plaza sobre textos dramáticos y narrativos del naturalista Chejov y del propio Plaza. Teatro y metateatro se unen en una pieza plena de valores que sorprende al espectador no solo por su excelente mensaje, una verdadera, aguda y adecuada reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sino por sus permanentes cambios de registro, que terminan por ofrecer una dinámica lección actoral, especialmente la que pone en pie Roberto Quintana.
Los personajes, como la vida misma, contraponen lo “nuevo” y lo “viejo”, la ficción y la realidad y cada uno de ellos mantiene sus principios, sus anhelos, sus pasiones y su drama para construir un relato coherente sobe el escenario. “El viaje del actor” es teatro para ver y para reflexionar. Tan acostumbrados como estamos a que las nuevas dramaturgias desplacen la palabra, que siempre es la introductora del conflicto, a un lugar inoperante y marginal sometido a los signos plásticos, que esta propuesta de Plaza nos hace gozar con el verdadero veneno del teatro. La escenografía realza, la iluminación matiza el espacio, el gesto comunica emociones perceptibles y la palabra reina en el escenario por encima de todo.
Desde que se alza el telón sobrecoge la desnudez del escenario que subraya la pureza del teatro. Sobre telones caídos y atrezzo desmontado, viéndosele las entretelas a la caja italiana del Rojas, se inicia la primera escena que ya nos atrapa desde ese instante y jugará con nosotros, los espectadores, hasta la última. Del asombro surge el pensamiento.
El viaje del actor resulta una lección de teatro, una lección de dirección de actores y una lección de interpretación tanto en clave cómica como dramática.
La obra nos espeta verdades como puños: la valoración del éxito rápido más que el talento, el ascenso social de los mediocres y la marginalidad de las personas más lúcidas que se niegan a participar en las “novedades” de la adulación a la corrupción establecida y el éxito fácil. A la vez Francisco Plaza, que no Chejov, realiza un análisis certero de los males que aquejan al teatro actual, que solo busca agradar para ser rentable al empresario, sin importarle la profundidad de la cultura. Es atrevido en la ironía y expresivo en la crítica; es tan claro que no se oculta bajo la sombra de cinismo alguno. Vaya mi aplauso a Plaza por decir lo que siente sintiendo lo que dice y proponiendo este teatro necesario frente a tanta vacuidad generalizada.
La obra es una delicia para los amantes del arte teatral, en la que se ponen de manifiesto los temas universales como la exaltación de la juventud, la conciencia de la caducidad del tiempo y de los males que la vejez entraña, el propio valor simbólico de las obras de Chejov, la decrepitud, la soledad y la muerte de un modelo de actor y de persona que es sustituido por otro acorde con los nuevos tiempos, a pesar de gritar que “donde hay talento no hay vejez”. Además, la obra entraña una segunda lectura, un recorrido de referencias a piezas clave de la literatura dramática de todos los tiempos con significativos guiños a Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo. En realidad más que guiños son matices simbólicos y un paseo literario por la dramaturgia universal.
Los actores son el complemento ideal para llevar a buen puerto un texto extraordinario. José Luis Martínez multiplica los matices cómicos armonizando sin histrionismos el gesto y la palabra con un manejo eficiente de los registros de voz; Juan Carlos Castillejo, tierno y entrañable como un Sancho con don Quijote, borda un papel nada fácil para enlazar lo cómico y lo dramático; Patricia Montero encuentra en esta obra el debut más prometedor; y Roberto Quintana, simplemente genial, que nos recuerda en sus maneras a Stanisvlaski, que fue quien vio la necesidad de crear un modo de representar basado en la naturalidad del actor para expresar de forma adecuada las tribulaciones y los sentimientos de los personajes de Chejov.
El viaje del actor es una de esas obras, producida en Castilla-La Mancha, de la que hay que sentirse orgulloso. Es una obra enormemente esperanzadora en el panorama del teatro actual. Es un texto y una propuesta escénica de calidad que recupera el teatro en esencia, en estado puro y que supone un titánico esfuerzo actoral, especialmente para el protagonista. En suma, es una lección de amor al teatro, que nadie que se sienta persona sensible y ciudadano con inquietudes debiera dejar de ver.
Trabajo, rigor e imaginación es la síntesis de la excelente dramaturgia, El viaje del actor, que nos propone Francisco Plaza sobre textos dramáticos y narrativos del naturalista Chejov y del propio Plaza. Teatro y metateatro se unen en una pieza plena de valores que sorprende al espectador no solo por su excelente mensaje, una verdadera, aguda y adecuada reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sino por sus permanentes cambios de registro, que terminan por ofrecer una dinámica lección actoral, especialmente la que pone en pie Roberto Quintana.
Los personajes, como la vida misma, contraponen lo “nuevo” y lo “viejo”, la ficción y la realidad y cada uno de ellos mantiene sus principios, sus anhelos, sus pasiones y su drama para construir un relato coherente sobe el escenario. “El viaje del actor” es teatro para ver y para reflexionar. Tan acostumbrados como estamos a que las nuevas dramaturgias desplacen la palabra, que siempre es la introductora del conflicto, a un lugar inoperante y marginal sometido a los signos plásticos, que esta propuesta de Plaza nos hace gozar con el verdadero veneno del teatro. La escenografía realza, la iluminación matiza el espacio, el gesto comunica emociones perceptibles y la palabra reina en el escenario por encima de todo.
Desde que se alza el telón sobrecoge la desnudez del escenario que subraya la pureza del teatro. Sobre telones caídos y atrezzo desmontado, viéndosele las entretelas a la caja italiana del Rojas, se inicia la primera escena que ya nos atrapa desde ese instante y jugará con nosotros, los espectadores, hasta la última. Del asombro surge el pensamiento.
El viaje del actor resulta una lección de teatro, una lección de dirección de actores y una lección de interpretación tanto en clave cómica como dramática.
La obra nos espeta verdades como puños: la valoración del éxito rápido más que el talento, el ascenso social de los mediocres y la marginalidad de las personas más lúcidas que se niegan a participar en las “novedades” de la adulación a la corrupción establecida y el éxito fácil. A la vez Francisco Plaza, que no Chejov, realiza un análisis certero de los males que aquejan al teatro actual, que solo busca agradar para ser rentable al empresario, sin importarle la profundidad de la cultura. Es atrevido en la ironía y expresivo en la crítica; es tan claro que no se oculta bajo la sombra de cinismo alguno. Vaya mi aplauso a Plaza por decir lo que siente sintiendo lo que dice y proponiendo este teatro necesario frente a tanta vacuidad generalizada.
La obra es una delicia para los amantes del arte teatral, en la que se ponen de manifiesto los temas universales como la exaltación de la juventud, la conciencia de la caducidad del tiempo y de los males que la vejez entraña, el propio valor simbólico de las obras de Chejov, la decrepitud, la soledad y la muerte de un modelo de actor y de persona que es sustituido por otro acorde con los nuevos tiempos, a pesar de gritar que “donde hay talento no hay vejez”. Además, la obra entraña una segunda lectura, un recorrido de referencias a piezas clave de la literatura dramática de todos los tiempos con significativos guiños a Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo. En realidad más que guiños son matices simbólicos y un paseo literario por la dramaturgia universal.
Los actores son el complemento ideal para llevar a buen puerto un texto extraordinario. José Luis Martínez multiplica los matices cómicos armonizando sin histrionismos el gesto y la palabra con un manejo eficiente de los registros de voz; Juan Carlos Castillejo, tierno y entrañable como un Sancho con don Quijote, borda un papel nada fácil para enlazar lo cómico y lo dramático; Patricia Montero encuentra en esta obra el debut más prometedor; y Roberto Quintana, simplemente genial, que nos recuerda en sus maneras a Stanisvlaski, que fue quien vio la necesidad de crear un modo de representar basado en la naturalidad del actor para expresar de forma adecuada las tribulaciones y los sentimientos de los personajes de Chejov.
El viaje del actor es una de esas obras, producida en Castilla-La Mancha, de la que hay que sentirse orgulloso. Es una obra enormemente esperanzadora en el panorama del teatro actual. Es un texto y una propuesta escénica de calidad que recupera el teatro en esencia, en estado puro y que supone un titánico esfuerzo actoral, especialmente para el protagonista. En suma, es una lección de amor al teatro, que nadie que se sienta persona sensible y ciudadano con inquietudes debiera dejar de ver.
"EL VIAJE DEL ACTOR", UNA LECCIÓN DE TEATRO
En el teatro de Rojas de Toledo ha tenido lugar el estreno nacional de la dramaturgia de Francisco Plaza sobre textos de Chejov, El viaje del actor, por la compañía Puro Teatro y Producciones Teatrales Contemporáneas. Esta obra, además de ofrecer un texto impresionante y con contenidos que acercan el teatro y la vida a nuestra realidad social, es una auténtica lección tanto de interpretación como de dirección.
Trabajo, rigor e imaginación es la síntesis de la excelente dramaturgia, El viaje del actor, que nos propone Francisco Plaza sobre textos dramáticos y narrativos del naturalista Chejov y del propio Plaza. Teatro y metateatro se unen en una pieza plena de valores que sorprende al espectador no solo por su excelente mensaje, una verdadera, aguda y adecuada reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sino por sus permanentes cambios de registro, que terminan por ofrecer una dinámica lección actoral, especialmente la que pone en pie Roberto Quintana.
Los personajes, como la vida misma, contraponen lo “nuevo” y lo “viejo”, la ficción y la realidad y cada uno de ellos mantiene sus principios, sus anhelos, sus pasiones y su drama para construir un relato coherente sobe el escenario. “El viaje del actor” es teatro para ver y para reflexionar. Tan acostumbrados como estamos a que las nuevas dramaturgias desplacen la palabra, que siempre es la introductora del conflicto, a un lugar inoperante y marginal sometido a los signos plásticos, que esta propuesta de Plaza nos hace gozar con el verdadero veneno del teatro. La escenografía realza, la iluminación matiza el espacio, el gesto comunica emociones perceptibles y la palabra reina en el escenario por encima de todo.
Desde que se alza el telón sobrecoge la desnudez del escenario que subraya la pureza del teatro. Sobre telones caídos y atrezzo desmontado, viéndosele las entretelas a la caja italiana del Rojas, se inicia la primera escena que ya nos atrapa desde ese instante y jugará con nosotros, los espectadores, hasta la última. Del asombro surge el pensamiento.
El viaje del actor resulta una lección de teatro, una lección de dirección de actores y una lección de interpretación tanto en clave cómica como dramática.
La obra nos espeta verdades como puños: la valoración del éxito rápido más que el talento, el ascenso social de los mediocres y la marginalidad de las personas más lúcidas que se niegan a participar en las “novedades” de la adulación a la corrupción establecida y el éxito fácil. A la vez Francisco Plaza, que no Chejov, realiza un análisis certero de los males que aquejan al teatro actual, que solo busca agradar para ser rentable al empresario, sin importarle la profundidad de la cultura. Es atrevido en la ironía y expresivo en la crítica; es tan claro que no se oculta bajo la sombra de cinismo alguno. Vaya mi aplauso a Plaza por decir lo que siente sintiendo lo que dice y proponiendo este teatro necesario frente a tanta vacuidad generalizada.
La obra es una delicia para los amantes del arte teatral, en la que se ponen de manifiesto los temas universales como la exaltación de la juventud, la conciencia de la caducidad del tiempo y de los males que la vejez entraña, el propio valor simbólico de las obras de Chejov, la decrepitud, la soledad y la muerte de un modelo de actor y de persona que es sustituido por otro acorde con los nuevos tiempos, a pesar de gritar que “donde hay talento no hay vejez”. Además, la obra entraña una segunda lectura, un recorrido de referencias a piezas clave de la literatura dramática de todos los tiempos con significativos guiños a Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo. En realidad más que guiños son matices simbólicos y un paseo literario por la dramaturgia universal.
Los actores son el complemento ideal para llevar a buen puerto un texto extraordinario. José Luis Martínez multiplica los matices cómicos armonizando sin histrionismos el gesto y la palabra con un manejo eficiente de los registros de voz; Juan Carlos Castillejo, tierno y entrañable como un Sancho con don Quijote, borda un papel nada fácil para enlazar lo cómico y lo dramático; Patricia Montero encuentra en esta obra el debut más prometedor; y Roberto Quintana, simplemente genial, que nos recuerda en sus maneras a Stanisvlaski, que fue quien vio la necesidad de crear un modo de representar basado en la naturalidad del actor para expresar de forma adecuada las tribulaciones y los sentimientos de los personajes de Chejov.
El viaje del actor es una de esas obras, producida en Castilla-La Mancha, de la que hay que sentirse orgulloso. Es una obra enormemente esperanzadora en el panorama del teatro actual. Es un texto y una propuesta escénica de calidad que recupera el teatro en esencia, en estado puro y que supone un titánico esfuerzo actoral, especialmente para el protagonista. En suma, es una lección de amor al teatro, que nadie que se sienta persona sensible y ciudadano con inquietudes debiera dejar de ver.
Trabajo, rigor e imaginación es la síntesis de la excelente dramaturgia, El viaje del actor, que nos propone Francisco Plaza sobre textos dramáticos y narrativos del naturalista Chejov y del propio Plaza. Teatro y metateatro se unen en una pieza plena de valores que sorprende al espectador no solo por su excelente mensaje, una verdadera, aguda y adecuada reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sino por sus permanentes cambios de registro, que terminan por ofrecer una dinámica lección actoral, especialmente la que pone en pie Roberto Quintana.
Los personajes, como la vida misma, contraponen lo “nuevo” y lo “viejo”, la ficción y la realidad y cada uno de ellos mantiene sus principios, sus anhelos, sus pasiones y su drama para construir un relato coherente sobe el escenario. “El viaje del actor” es teatro para ver y para reflexionar. Tan acostumbrados como estamos a que las nuevas dramaturgias desplacen la palabra, que siempre es la introductora del conflicto, a un lugar inoperante y marginal sometido a los signos plásticos, que esta propuesta de Plaza nos hace gozar con el verdadero veneno del teatro. La escenografía realza, la iluminación matiza el espacio, el gesto comunica emociones perceptibles y la palabra reina en el escenario por encima de todo.
Desde que se alza el telón sobrecoge la desnudez del escenario que subraya la pureza del teatro. Sobre telones caídos y atrezzo desmontado, viéndosele las entretelas a la caja italiana del Rojas, se inicia la primera escena que ya nos atrapa desde ese instante y jugará con nosotros, los espectadores, hasta la última. Del asombro surge el pensamiento.
El viaje del actor resulta una lección de teatro, una lección de dirección de actores y una lección de interpretación tanto en clave cómica como dramática.
La obra nos espeta verdades como puños: la valoración del éxito rápido más que el talento, el ascenso social de los mediocres y la marginalidad de las personas más lúcidas que se niegan a participar en las “novedades” de la adulación a la corrupción establecida y el éxito fácil. A la vez Francisco Plaza, que no Chejov, realiza un análisis certero de los males que aquejan al teatro actual, que solo busca agradar para ser rentable al empresario, sin importarle la profundidad de la cultura. Es atrevido en la ironía y expresivo en la crítica; es tan claro que no se oculta bajo la sombra de cinismo alguno. Vaya mi aplauso a Plaza por decir lo que siente sintiendo lo que dice y proponiendo este teatro necesario frente a tanta vacuidad generalizada.
La obra es una delicia para los amantes del arte teatral, en la que se ponen de manifiesto los temas universales como la exaltación de la juventud, la conciencia de la caducidad del tiempo y de los males que la vejez entraña, el propio valor simbólico de las obras de Chejov, la decrepitud, la soledad y la muerte de un modelo de actor y de persona que es sustituido por otro acorde con los nuevos tiempos, a pesar de gritar que “donde hay talento no hay vejez”. Además, la obra entraña una segunda lectura, un recorrido de referencias a piezas clave de la literatura dramática de todos los tiempos con significativos guiños a Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo. En realidad más que guiños son matices simbólicos y un paseo literario por la dramaturgia universal.
Los actores son el complemento ideal para llevar a buen puerto un texto extraordinario. José Luis Martínez multiplica los matices cómicos armonizando sin histrionismos el gesto y la palabra con un manejo eficiente de los registros de voz; Juan Carlos Castillejo, tierno y entrañable como un Sancho con don Quijote, borda un papel nada fácil para enlazar lo cómico y lo dramático; Patricia Montero encuentra en esta obra el debut más prometedor; y Roberto Quintana, simplemente genial, que nos recuerda en sus maneras a Stanisvlaski, que fue quien vio la necesidad de crear un modo de representar basado en la naturalidad del actor para expresar de forma adecuada las tribulaciones y los sentimientos de los personajes de Chejov.
El viaje del actor es una de esas obras, producida en Castilla-La Mancha, de la que hay que sentirse orgulloso. Es una obra enormemente esperanzadora en el panorama del teatro actual. Es un texto y una propuesta escénica de calidad que recupera el teatro en esencia, en estado puro y que supone un titánico esfuerzo actoral, especialmente para el protagonista. En suma, es una lección de amor al teatro, que nadie que se sienta persona sensible y ciudadano con inquietudes debiera dejar de ver.
jueves, 1 de octubre de 2009
¡FLEXIBILIDAD!
jueves, 24 de septiembre de 2009
¡HAY QUE CONVERSAR!
¡Hay que conversar! Hablando se favorece el camino y se desbroza el trabajo. Las conversaciones crean y -a la vez fortalecen- las relaciones y prácticas en cualquier organización. Un líder bueno debe hablar mucho con su gente. La conversación, de verdad, genera resultados. Pocos líderes utilizan las conversaciones -de manera intencional- para conocer las redes sociales que subyacen en el complejo mundo de las organizaciones. Hay que conversar con intención para crear valor... tanto económico como social. Es preciso aceptar que las conversaciones son un proceso clave para alcanzar los resultados, pero este empleo implica un profundo cambio de mentalidad con respectoa lo que estamos acostumbrados. Hay que ver las conversaciones como uno de los más valiosos recursos de la organización yno como actividades circunstanciales y vacías. Me refiero a las conversaciones de los líderes.
Hablar y actuar no son cosas diferentes. Hay que considerarlas como un todo integrado, en lugar de actividades separadas.
Quede ahí la idea.
domingo, 20 de septiembre de 2009
VUELTA CICLISTA EN TOLEDO
Espectáculo. Colapso de la ciudad. Se puede ir andando a cualquier sitio. Esta es la lección. Hombres de piernas flacas, musculo y hueso. Negocio. No sé si muy rentable para quien paga. En la televisión mucho plano corto y pocos de la ciudad. No vimos ni cómo le ponía el jersey de la montaña al líder uno de los líderes ex-democristianos toledanos. Habrá que rereflexionar sobre valor y precio. En la tele se vio mucha menos gente de la que había en las calles. Se creó marca. El deporte espectáculo negocio tiene estas cosas. Luego quizá se ponen peros a unos misereables euros cuando tienes en la ciudad a un viola de la Filarmónica de Berlín y a uno de los directores más renombrados de Europa con una orquesta de gente de aquí. Son las cosas de este mundo culturalmente estrecho de algunos cerebros. Las bicicletas para todos los días, no para uno. La ciudad debe adaptarse.VUELTA EN TOLEDO
Espectáculo. Hombres flacos los ciclistas. Muchos con poco pelo. Músculo y hueso. ¡Cuánto se mueve a su alrededor! La ciudad se colapsa. Lo bueno es hacer la vida ciudadana a pie y darse cuenta de que eso es posible. Es la lección para cuando no hay ciclismo. Otra cosa es el negocio. No sé lo que paga una ciudad para ser protagonista. No sé lo que le cuesta a un patrocinador. Vi la salida y el ambiente y luego vi el programa en la televisión. Cámaras con muchos primeros planos y pocas imágenes de la ciudad. Eso me pareció un poco de estafa o de poca rentabilidad para la marca Toledo. Algunas imágenes del helicóptero, pocas. Y además no vimos poner la camiseta del patrocinio al líder de la montaña. No valoro porque no he reflexionado, pero habría que ver si se equilibra valor y precio.jueves, 3 de septiembre de 2009
Ética en la vida pública
lunes, 31 de agosto de 2009
DE CAMPAÑA POLÍTICA
Hablemos de política. Hay tres claves para una campaña con éxito, las claves son: trabajo, trabajo, trabajo.Hay que sentir la ansiedad y el estrés de que se está haciendo el trabajo; si no se siente, algo puede ir y debe ir mejor. Una campaña no es una ciencia como la aeronáutica o la cirujía cerebral. Una campaña es trabjar duro, mantenerse en ella permanentemente y concentrarse en ganar...
martes, 25 de agosto de 2009
Vacaciones en Roma
Roma, Nápoles, Pompeya, el Vesubio, Matera, más Roma, siempre Roma. Villa Julia, museos capitolinos, Campo de Fiori, Giordano Bruno, pasta y pizza, San Pietro in Vincoli, el panteón ¡admirable! el Tíber con agua, las fuentes con el agua fresca de Roma, tiempo detenido, gatos, Il Fico ¡cómo se come en Il Fico!, plaza Navona, San Pietro, Santa María in Cosmedin, Bocca della Verità, ¡mi piace tanto Roma! Santa Teresa de Bernini, la Pietà de Miguel Ángel, la plaza del Popolo, Il Gesù, San Andrés della Valle, Vía del Corso, ¡hermosísimos helados! Trevi, plaza de España, los foros romanos, el Trastevere, la capilla Sixtina... ¡Qué ganas tengo de volver! Y el Padre Pío, al que debo visita en San Giovanni Rotondo.jueves, 6 de agosto de 2009
El pintor Beato en el museo de Santa Cruz
Beato me priva. No pude ir a la inauguración; estuve en un festival a Francia y no tengo el don de la bilocación. Mejor así. Luego he ido siete veces; merece la pena la visita solitaria más que la protocolaria. Beato es un maestro jubilar y un artista de júbilo. En el crucero inferior de Santa Cruz contemplamos su alma, su mensaje, su gramática, su vida, su razón, sus sentimientos y, cómo no, la mancha roja. 47 obras. Yo no cuento; veo y me emociono. Gocé sobremanera con el homenaje a Mantegna. “Ícaro sobre el Tajo” me tocó la fibra de batracio. “Inquisidor” me puso los pelos de rana de punta. Todo lo de Melque y el bestiario me parece extraordinario. El artista de humor sarcástico o el pintor socialcrítico se manifiesta con “El trepa”. El “Iraquí cibernético” tiene su punto, pero me gusta menos. “El beso” abre un camino al poeta de los pinceles para que nos muestre cómo quedan los cuerpos después de la batalla. Esta exposición hace justicia al artista que atesora talento, prestigio y capacidad de concitar emociones y pensamientos, y al hombre comprometido con la cultura de su ciudad y de su tiempo. Hay también una reflexión metapictórica que cada uno debe descubrir. Él sostiene que pretende llevar a cabo en su trabajo un análisis de los distintos lenguajes y estilos plásticos, desde la figuración extrema al minimalismo, y que, así, forma y deforma, rompe y ensambla, recrea los detalles y elementos significantes, buscando significados ocultos, como si de un palimpsesto extendido, que muestra en superficie sus distintas capas, se tratara. Es innegable que ese “significado oculto” de Beato hay que argumentarlo en el hecho de que su manifestación estética es una consecuencia de su necesidad de expresar y transmitir un sentimiento, un pensamiento, o ambas cosas a la vez. Es decir, que, independientemente de los gustos de quien mira, el pintor ha puesto su estética al servicio de su ética, o sea, del fundamento razonado de sus sentimientos y de su visión del mundo. Vamos que lo bello y lo ético se unen y se sustentan en la idea, el pensamiento, el sentimiento y la filosofía de un artista que merece pasar ya de “Beato” a “Santo”.
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