El sábado día 29 de diciembre tendrá lugar en el Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo un concierto de la Orquesta Barroca Sphera AntiQva.
Este proyecto musical responde a la sensibilidad, la investigación, la profesionalidad y la constancia de un grupo de músicos jóvenes, pero sobradamente preparados, que trabajan con criterios historicistas (algo que se ve poco por estas tierras), son fieles a la tradición, rescatan música y la ofrecen para goce y satisfacción de quien no conoce un patrimonio que teníamos ahí como dormido. También tocan lo consabido, pero eso es lo normal en cualquiera. Lo extraordinario es lo que van a hacer en el concierto de Toledo: ¡extrenar obras en Europa del "Barroco Misional", que se han conservado en la selva boliviana desde la época de las reducciones jesuíticas.
Si algún lector tiene ocasión, que no la pierda y vaya a San Juan de los Reyes el día 29 de diciembre.
martes, 25 de diciembre de 2007
martes, 11 de diciembre de 2007
CONSEJOS PARA ESTUDIAR BIEN Y EXAMINARSE MEJOR
Ahora que tan honda preocupación se ha creado con el informe PISA, yo recomiendo, para estudiar mejor, estas líneas de actuación. No son geniales, pero son prácticas y dan resultado.(Sirvan estas ideas para recordar a dos sabios como los de la fotografía con la que acompaño este artículo).
1. ESTABLECER TUS PRIORIDADES. Los estudiantes sobresalientes no admiten intromisiones mientras estudian. Una vez que abren los libros o encienden el ordenador, ya no contestan llamadas telefónicas, ni se distraen con la televisión, ni van a buscar algo para comer.
2. ESTUDIAR EN CUALQUIER SITIO...O EN TODOS. A pesar de que se aconseja vivamente la regularidad en los horarios y lugares para estudiar, también es importante formarse el hábito de estudiar ‘en cuentagotas’. Mientras se hace cualquier otra cosa, se puede aprovechar unos minutos para leer fragmentos de material que se necesitas asimilar, o, sobre todo, para hacer breves pero frecuentes repasos.
3. ORGANIZARSE. Procurar no perder ningún minuto en buscar elementos que se dejaron en algún lugar sin prestar atención. Un estudiante de enseñanza media sigue, por ejemplo, este sistema: archiva de inmediato los trabajos escolares del día en carpetas de distintos colores, según la materia, para poder encontrarlos fácilmente en tiempo de exámenes y repasarlos sin dilaciones.
4. APRENDER A LEER. ‘La mejor clase que he tomado fue la de lectura veloz’, dice el estudiante Christopher Campbell. ‘No sólo llegué a leer más palabras por minuto, sino que aprendí también a mirar primero el índice de los libros, así como sus gráficas y sus ilustraciones. Entonces, cuando comenzaba a leer ya me había formado una idea general de su contenido y retenía mucho más’. El secreto de la buena lectura, explica un experto, estriba en ser ‘un lector activo, una persona que continuamente formula preguntas conducentes a la plena comprensión del mensaje del autor’.
5. PROGRAMAR EL TIEMPO. Cuando un profesor les asigna un trabajo largo, los buenos estudiantes elaboran un programa, dividiendo la tarea en partes pequeñas, para que no les resulte tan abrumadora. En este sentido, hay que recordar la frase que dice: ‘No es posible comerse un elefante... Salvo que se lo haga progresivamente, pedazo a pedazo...’
6. TOMAR BUENOS APUNTES... y usarlos. Leer el libro de texto es importante, pero también es cierto que un profesor propondrá su examen sobre la base de aquello en lo que hizo hincapié, y eso se encuentra en sus apuntes. Los estudiantes sobresalientes también toman notas mientras leen el libro de texto. El universitario David Cieri, por ejemplo, utiliza su propio sistema: traza una línea vertical en el centro de la hoja de su cuaderno y escribe, en un lado, las notas sobre el texto, y en el otro, las de la lección impartida por el maestro. Así puede revisar ambas facetas de la asignatura simultáneamente.
7. ENTREGAR TRABAJO PROLIJOS. Los trabajos limpios pueden ayudarte a obtener calificaciones más altas. ‘El alumno que entrega un trabajo pulcro tiene más posibilidades de conseguir una buena calificación’, asegura uno de los profesores consultados. ‘Es como si a uno le sirvieran una comida deliciosa. Por suculento que sea el manjar, no resulta apetecible si viene en un plato sucio’.
8. EXPRESARSE Y CONOCER EL ESTILO DEL PROFESOR. ‘Si no entiendo el concepto que el profesor está explicando, le pido que lo repita. Sin embargo, la participación en clase consiste en algo más que en hacer preguntas; se trata de mostrar curiosidad intelectual. ¿Por qué es tan importante conocer el estilo que tiene el profesor para diseñar las pruebas? Algunos suelen repetir los temas y hasta las preguntas. Por eso será una ventaja si considera ciertas preguntas con anticipación para tener las respuestas prontas cuando el tiempo apremia durante el examen.
9. ESTUDIAR EN GRUPO. La importancia de estudiar en grupo se puso de manifiesto en un experimento llevado a cabo en la Universidad de California. Cuando era estudiante de post-grado en esa institución, Uri Treisman observó una clase de cálculo para alumnos de primer año en la que los estadounidenses de origen asiático obtuvieron, en promedio, mejores calificaciones que otros alumnos de grupos étnicos minoritarios e historiales académicos similares. Treisman descubrió que los primeros analizaban juntos las dificultades que planteaban sus tareas escolares, aplicaban enfoques diferentes y compartían las soluciones. Los otros, por el contrario, estudiaban solos, pasaban la mayor parte del tiempo leyendo y releyendo el texto, e intentaban el mismo enfoque una y otra vez, aun cuando no les diera resultado. Apoyándose en sus hallazgos, Treisman propuso que en ese curso se enseñaran métodos de estudio en grupo. Cuando esto se hizo, los grupos alcanzaron los mismos buenos resultados.
10. EXAMINARSE. Cuando toma apuntes, la estudiante Domenica Roman subraya los puntos que, en su opinión, podrían incluirse en los exámenes. Después formula preguntas tentativas basadas en esos puntos y se examina sola por escrito antes del día de la prueba. ‘Si no puedo responder la pregunta satisfactoriamente, vuelvo a repasar mis apuntes’, explica.
11. HACER MÁS DE LO QUE TE PIDEN. Si el profesor de matemáticas le plantea cinco problemas, la estudiante Christi Anderson resuelve diez. Si el profesor de historia le encomienda leer ocho páginas, ella lee 12. ‘Parte del aprendizaje es la práctica’, asegura Christi. ‘Y cuanto más se practica, más se aprende’.
2. ESTUDIAR EN CUALQUIER SITIO...O EN TODOS. A pesar de que se aconseja vivamente la regularidad en los horarios y lugares para estudiar, también es importante formarse el hábito de estudiar ‘en cuentagotas’. Mientras se hace cualquier otra cosa, se puede aprovechar unos minutos para leer fragmentos de material que se necesitas asimilar, o, sobre todo, para hacer breves pero frecuentes repasos.
3. ORGANIZARSE. Procurar no perder ningún minuto en buscar elementos que se dejaron en algún lugar sin prestar atención. Un estudiante de enseñanza media sigue, por ejemplo, este sistema: archiva de inmediato los trabajos escolares del día en carpetas de distintos colores, según la materia, para poder encontrarlos fácilmente en tiempo de exámenes y repasarlos sin dilaciones.
4. APRENDER A LEER. ‘La mejor clase que he tomado fue la de lectura veloz’, dice el estudiante Christopher Campbell. ‘No sólo llegué a leer más palabras por minuto, sino que aprendí también a mirar primero el índice de los libros, así como sus gráficas y sus ilustraciones. Entonces, cuando comenzaba a leer ya me había formado una idea general de su contenido y retenía mucho más’. El secreto de la buena lectura, explica un experto, estriba en ser ‘un lector activo, una persona que continuamente formula preguntas conducentes a la plena comprensión del mensaje del autor’.
5. PROGRAMAR EL TIEMPO. Cuando un profesor les asigna un trabajo largo, los buenos estudiantes elaboran un programa, dividiendo la tarea en partes pequeñas, para que no les resulte tan abrumadora. En este sentido, hay que recordar la frase que dice: ‘No es posible comerse un elefante... Salvo que se lo haga progresivamente, pedazo a pedazo...’
6. TOMAR BUENOS APUNTES... y usarlos. Leer el libro de texto es importante, pero también es cierto que un profesor propondrá su examen sobre la base de aquello en lo que hizo hincapié, y eso se encuentra en sus apuntes. Los estudiantes sobresalientes también toman notas mientras leen el libro de texto. El universitario David Cieri, por ejemplo, utiliza su propio sistema: traza una línea vertical en el centro de la hoja de su cuaderno y escribe, en un lado, las notas sobre el texto, y en el otro, las de la lección impartida por el maestro. Así puede revisar ambas facetas de la asignatura simultáneamente.
7. ENTREGAR TRABAJO PROLIJOS. Los trabajos limpios pueden ayudarte a obtener calificaciones más altas. ‘El alumno que entrega un trabajo pulcro tiene más posibilidades de conseguir una buena calificación’, asegura uno de los profesores consultados. ‘Es como si a uno le sirvieran una comida deliciosa. Por suculento que sea el manjar, no resulta apetecible si viene en un plato sucio’.
8. EXPRESARSE Y CONOCER EL ESTILO DEL PROFESOR. ‘Si no entiendo el concepto que el profesor está explicando, le pido que lo repita. Sin embargo, la participación en clase consiste en algo más que en hacer preguntas; se trata de mostrar curiosidad intelectual. ¿Por qué es tan importante conocer el estilo que tiene el profesor para diseñar las pruebas? Algunos suelen repetir los temas y hasta las preguntas. Por eso será una ventaja si considera ciertas preguntas con anticipación para tener las respuestas prontas cuando el tiempo apremia durante el examen.
9. ESTUDIAR EN GRUPO. La importancia de estudiar en grupo se puso de manifiesto en un experimento llevado a cabo en la Universidad de California. Cuando era estudiante de post-grado en esa institución, Uri Treisman observó una clase de cálculo para alumnos de primer año en la que los estadounidenses de origen asiático obtuvieron, en promedio, mejores calificaciones que otros alumnos de grupos étnicos minoritarios e historiales académicos similares. Treisman descubrió que los primeros analizaban juntos las dificultades que planteaban sus tareas escolares, aplicaban enfoques diferentes y compartían las soluciones. Los otros, por el contrario, estudiaban solos, pasaban la mayor parte del tiempo leyendo y releyendo el texto, e intentaban el mismo enfoque una y otra vez, aun cuando no les diera resultado. Apoyándose en sus hallazgos, Treisman propuso que en ese curso se enseñaran métodos de estudio en grupo. Cuando esto se hizo, los grupos alcanzaron los mismos buenos resultados.
10. EXAMINARSE. Cuando toma apuntes, la estudiante Domenica Roman subraya los puntos que, en su opinión, podrían incluirse en los exámenes. Después formula preguntas tentativas basadas en esos puntos y se examina sola por escrito antes del día de la prueba. ‘Si no puedo responder la pregunta satisfactoriamente, vuelvo a repasar mis apuntes’, explica.
11. HACER MÁS DE LO QUE TE PIDEN. Si el profesor de matemáticas le plantea cinco problemas, la estudiante Christi Anderson resuelve diez. Si el profesor de historia le encomienda leer ocho páginas, ella lee 12. ‘Parte del aprendizaje es la práctica’, asegura Christi. ‘Y cuanto más se practica, más se aprende’.
domingo, 25 de noviembre de 2007
PALABRAS PARA ELENA

Quisiera yo tener la voz serena y sencillamente apacible el gesto, para agradecer el laberinto azul sobredorado que tus manos tejen y dejan a Klimt con su beso en mi presencia.
Siempre admiré la paciencia de quien construye cosas con sus manos, porque están ahí; y en el silencio te miran y las ves, se tocan, se sienten y evocan a la persona que imaginas.
Elena, sin conocerte, ya te admiro, y te sé por lo que veo y lo que me cuentan.
Dijo un poeta amigo: “El árbol tiene un tiempo para flores; mi corazón da frutos todo el año”.
Mi agradecimiento es uno de esos frutos. Klimt bajo el cristal me recuerda con su beso que él también es fruto de tu corazón y de tus manos.
Siempre admiré la paciencia de quien construye cosas con sus manos, porque están ahí; y en el silencio te miran y las ves, se tocan, se sienten y evocan a la persona que imaginas.
Elena, sin conocerte, ya te admiro, y te sé por lo que veo y lo que me cuentan.
Dijo un poeta amigo: “El árbol tiene un tiempo para flores; mi corazón da frutos todo el año”.
Mi agradecimiento es uno de esos frutos. Klimt bajo el cristal me recuerda con su beso que él también es fruto de tu corazón y de tus manos.
Con afecto.
jueves, 15 de noviembre de 2007
¡BESTIONTES!
Se me ha ocurrido un juego. Vamos a averiguar el acertijo de quién es quién en la sociedad toledana. El juego también vale para practicarlo en el ambiente de trabajo, para ver que personajes pueden estar representados en el bestiario.Es preciso saber que la palabra “bestiario” se viene utilizando en la literatura y en la iconografía desde hace cientos de años. Con ella se define una colección de fábulas en las que aparecen animales fantásticos. No hay por qué considerarla despectiva, sino simplemente descriptiva, aunque conlleve un punto de crítica de la realidad, que tan necesaria es y que tan poco se hace y menos se dice. Se puede emplear cariñosamente, pues entre nosotros abundan los personajes quiméricos, como en todas las tribus.
Así pues podemos ver quién es el dragón, quien puede ser el unicornio, a quien podemos llamar grifo, quien se corresponde con el ave fénix, qué personas parecen las sirenas y quien encarna el basilisco.
Todos son animales imaginarios a los que el hombre ha atribuido poderes fantásticos. El dragón, que es ese ser con forma de reptil al que se le representaba en Mesopotamia con alas, garras grandes, cola de serpiente y aliento de fuego. El unicornio siempre fue el símbolo de la castidad y en la Edad Media lo pintaban totalmente blanco, con cabeza y patas de caballo y un largo cuerno recto situado en medio de su frente, como si fuera el cuerno de los narvales. El grifo, según una leyenda babilónica, estaba provisto de cabeza, pico y alas de águila, cuerpo y patas de león y cola de reptil. El fénix, quizá el más conocido, era un ave legendaria que vivía en Arabia, se consumía por acción del fuego cada quinientos años y siempre resurgía de sus cenizas. Las sirenas eran unas ninfas del mar que, según la mitología griega, mostraban cuerpo de ave o pez, cabeza de mujer, y cantaban con una voz tan dulce que los marinos eran atraídos hacia las rocas y naufragaban. El basilisco es hoy el nombre de un saurio parecido a la iguana, pero en la Antigüedad era un monstruo mítico cuyo aliento y mirada colérica eran mortales.Planteado el juego, cada uno puede buscar su solución y sus comparaciones. Si algún lector conspicuo quiere mandar sus apreciaciones “bestiarias”, haré lo que pueda para publicarlas en este blog.
martes, 6 de noviembre de 2007
LA GASTRITIS DE PLATÓN
“El primer deber de los intelectuales: permanecer callados cuando no sirven para nada”. ¡Hostias! ¿Qué es esto? Pues ni más ni menos que el título de un artículo del intelectual Umberto Eco que enfureció, entre otros, a Antonio Tabucchi, quien escribió un panfleto en forma de carta donde reivindicaba la capacidad de los intelectuales de actuar sobre la realidad. Yo admiro al autor de “El nombre de la rosa” pero, si he de aliarme con alguien, lo hago en las filas del “panfletario” autor de “Sostiene Pereira”. O quizá, ¡ay con los dilemas! haya que alinearse con Eco cuando afirma que “Si se les toma por lo que saben decir (cuando son capaces de ello), los intelectuales son útiles par la sociedad, pero sólo a largo plazo. A corto plazo únicamente pueden ser profesionales de la palabra y de la investigación que pueden administrar una escuela, ser los encargados de prensa de un partido o una empresa, tocar el pífano en la revolución, pero carecen de función específica propia. Afirmar que trabajan a largo plazo significa que desempeñan su tarea antes y después de los acontecimientos, pero nunca en el curso de los mismos”.Sostener la síntesis quizá parezca un recurso fácil de intelectual de provincias, pero resulta interesante constatar que ambos –Eco y Tabucchi- tienen un poco de razón, que los dos forman la figura de un solo intelectual, deformados por las contradicciones de tiempos oscuros. Una parte se inclina hacia el silencio; la otra, hacia la palabra. Pero la palabra no alcanza la contundencia de una denuncia y el silencio tampoco adquiere la solidez de una respuesta. Ambos se encuentran atrapados en el mismo laberinto. Los minotauros han muerto. También se han desvanecido los misterios, los mitos, las certezas.
Los debates entre intelectuales parece que sólo son alimento para livianas mariposas, visto como está el patio. Todo parece reducirse a escaramuzas mediáticas. Sin embargo de vez en cuando nos seduce una tangible nostalgia por esos tiempos en que la gente se peleaba por sus ideas y esas ideas eran parte de un modo de entender el mundo, la política, el arte. Esa época en la que los intelectuales eran escuchados, porque eran portavoces de momentos de cambio.
Puestos a seducirnos con una suerte de humorada y de amarga risa sobre el asunto hagámoslo con el libro “La gastritis de Platón”, del propio Antonio Tabucchi. No sé si después de la lectura o del análisis de la realidad política y social seremos un número más en el ejército de los pensantes escépticos conformistas –Eco- o nos convertiremos en ... vete tú a saber qué.
lunes, 29 de octubre de 2007
VINO Y CULTURA
Luego más tarde Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, en El Libro de Buen Amor nos alecciona sobre que “Es el vino muy bueno en su misma natura; muchas bondades tiene, tomado con mesura; al que más lo bebe quítale la cordura; toda maldad del mundo hace y toda locura”.
La literatura medieval está llena de referencias a esta bebida de antiquísimo linaje. Lo encontramos en La Celestina y es larga la referencia de autores del Siglo de Oro de Tirso de Molina a Lope de Vega o de Góngora a Quevedo donde encontramos indicaciones sobre este “néctar divino, al que algunos llaman vino, porque nos vino del cielo”. Pero quizá sea en el El Lazarillo y El Quijote donde encontremos dos puntos culminantes. En la primera de la novelas, Lázaro cura sus heridas con vino, después de que el ciego le rompa el jarro en los morros, y más tarde, llegará en su edad adulta a tener oficio como pregonero de vinos en Toledo. En El Quijote son innumerables las citas que encontramos, y no sólo del protagonista acuchillando zaques, sino de unos y otros dando sorbos sin ningún motivo de encantamiento, alabándose siempre como de muy buena calidad el vino de Ciudad Real.
Los escritores del siglo XVIII, aunque parcos y moderados, también se acercaron a esta fiesta del beber y de los románticos no hay nada más que recordar a don Juan Tenorio. El realista Benito Pérez Galdós no pierde comba en muchas de sus novelas para hacer referencia a la costumbre popular de la ingesta de tan espirituosa bebida, podemos recordar en algunos textos de su Ángel Guerra cómo se vivía y cómo se bebía en los mesones castellanos. En el siglo XX elaborar una hermosa antología con los textos sobre el vino, de poetas, narradores y dramaturgos, y no sólo de manchegos de renombre como García Pavón, Francisco Nieva, Buero Vallejo o Rafael Morales, o universales, como Jorge Luis Borges y su “Soneto al vino”, sería cuestión de que alguien subvencionara el trabajo a algún investigador hedonista.
El vino ha tenido importancia en la historia no sólo como halago de paladares o como objeto de buena literatura, sino como símbolo popular en muchas culturas. Ha sido y sigue siendo elemento fundamental en sacrificios y oblaciones y muchos rituales de iniciación, ya sean sagrados o profanos, casi siempre de una forma u otra relacionados con el amor, como el amor a la humanidad que transmitía uno de estos singulares personajes mitológicos, Dionisos. Este atributo amoroso del vino lo convierte en una bebida de comunión, ya sea por el trance compartido o por la paz encontrada que proporciona.
Bebamos entrecruzando los brazos y mirándonos fijamente a los ojos, como hacían los antiguos escandinavos, brindemos presentado la copas la altura de la cabeza o choquemos los vasos, como es costumbre que ya tiene quinientos años, pero sobre todo gocemos con este caldo que invita a ser saboreado con gusto, medida y moderación para poder mantener un saludable espíritu libertario con ese don del cielo que “alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre”.
UNA DE HEDONISMO

Siempre me gustó la filosofía antigua. Era muy libre. Epicuro me fascinó desde el principio. Las líneas que siguen son un "revuelto" de epicureísmo para goce de quien tenga un rato de vagar.
Epicuro nació en el año 341 A.C., en la verde isla de Samos, distante unas cuantas millas de la costa occidental de Asia Menor. Su afición a la filosofía fue temprana y desde los catorce años viajó para escuchar las lecciones del platónico Pánfilo y del filósofo atomista Nausífanes. Pero descubrió que no podía estar de acuerdo con buena parte de lo que estos enseñaban y, avanzada la veintena, decidió organizar sus pensamientos en su propia filosofía de vida.Se dice que escribió trescientos libros sobre casi todo, entre los que figuraban Sobre el amor, Sobre la música, Sobre las obras justas, Sobre las formas de vida y Sobre la naturaleza, aunque debido a una catastrófica sucesión de contratiempos, casi todos ellos se perdieron a lo largo de los siglos, con lo que su filosofía hubo de reconstruirse a partir de unos pocos fragmentos supervivientes, junto con el testimonio de los epicúreos posteriores.Lo que distinguía de inmediato su filosofía era el énfasis en la importancia del placer sensual. "El gozo es el principio y el fin de una vida dichosa", afirmaba Epicuro, confirmando lo que muchos habían pensado desde antaño (pero rara vez había sido aceptado por la filosofía). El filósofo confesaba su amor por los manjares exquisitos: "Principio y fin de todo bien es el placer del vientre. Pues todo lo cabal y todo lo desmedido tienen su referencia en éste". Practicada de manera adecuada, la filosofía estaba llamada a ser nada menos que una guía de los placeres:
"Quien asegura que todavía no le ha llegado -o que ya se le ha pasado- el momento de interesarse por la verdad, es igual que quien asegura que todavía no le ha llegado -o que ya se le ha pasado- el momento de la felicidad".
Pocos filósofos han reconocido jamás -con tanta franqueza- su interés por un estilo de vida placentero. A muchos les sorprendió cuando oyeron que Epicuro se había granjeado el respaldo de ciertas personas adineradas y que había invertido el dinero de éstas en la fundación de una institución filosófica cuyo objetivo era promover la felicidad. La escuela admitía tanto a hombres como a mujeres y les animaba a vivir y estudiar el placer en comunidad. La idea generalizada de lo que acontecía en el interior de la escuela, resultaba a la vez excitante y moralmente censurable. Eran frecuentes las filtraciones de "epicúreos renegados" que, para sabotear el proyecto, detallaban las actividades entre lección y lección. Timócrates, hermano de Metrodoro (el socio de Epicuro) propagó el rumor de que el filósofo tenía que vomitar dos veces al día por lo mucho que tragaba. Y Diótimo Estoico tomó la cruel iniciativa de publicar cincuenta cartas obscenas que, según decía, había escrito Epicuro cuando estaba borracho y en pleno frenesí sexual.A pesar de estos ataques, las enseñanzas de Epicuro siguieron ganando adhesiones. Se propagaron a lo largo y ancho del mundo mediterráneo. Se fundaron escuelas del placer en Siria, Judea, Egipto, Italia y Galia. Su filosofía siguió ejerciendo influencia durante los quinientos años siguientes y sólo habría de extinguirse de forma gradual (a causa de la hostilidad de los terribles bárbaros y de los cristianos) durante la decadencia del Imperio Romano en Occidente. Incluso entonces, el nombre de Epicuro se incorporó a muchas lenguas en forma de adjetivo, a modo de homenaje a sus intereses (epicúreo: sensual, voluptuoso, entregado a los placeres - Diccionario de la Lengua Castellana). Hoy, a más de 2300 años del nacimiento del filósofo, una revista trimestral londinense llamada "Epicurean Life (Vida epicúrea)", impresa en papel brillante cual manzana bien lustrosa, publica artículos sobre hoteles, yates y restaurantes de lujo. Quienes oyeron en aquella época los rumores de "placer desmedido" que ejercitaba el filósofo, debieron quedarse perplejos al descubrir los auténticos gustos de aquél y sus seguidores: no había ninguna grandiosa mansión y la comida era sencilla, Epicuro prefería el agua al vino y se contentaba con una comida a base de pan, verduras y olivas. "Mándame un queso envasado para que, cuando lo guste, pueda darme un lujo", pidió a un amigo. Tales eran los gustos de un hombre que había señalado al "placer" como objetivo vital. No pretendía engañar. Su devoción por el placer era harto mayor de lo que hubiesen acertado a imaginar quienes lo acusaban de celebrar orgías. Lo único que sucedía era que, luego de un examen racional, había llegado a conclusiones sorprendentes sobre las auténticas fuentes de la vida placentera y, por fortuna para quienes careciesen de cuantiosos ingresos, todo apuntaba a que los ingredientes esenciales del placer -por muy escurridizos que fueran- no eran en absoluto caros...
"Quien asegura que todavía no le ha llegado -o que ya se le ha pasado- el momento de interesarse por la verdad, es igual que quien asegura que todavía no le ha llegado -o que ya se le ha pasado- el momento de la felicidad".
Pocos filósofos han reconocido jamás -con tanta franqueza- su interés por un estilo de vida placentero. A muchos les sorprendió cuando oyeron que Epicuro se había granjeado el respaldo de ciertas personas adineradas y que había invertido el dinero de éstas en la fundación de una institución filosófica cuyo objetivo era promover la felicidad. La escuela admitía tanto a hombres como a mujeres y les animaba a vivir y estudiar el placer en comunidad. La idea generalizada de lo que acontecía en el interior de la escuela, resultaba a la vez excitante y moralmente censurable. Eran frecuentes las filtraciones de "epicúreos renegados" que, para sabotear el proyecto, detallaban las actividades entre lección y lección. Timócrates, hermano de Metrodoro (el socio de Epicuro) propagó el rumor de que el filósofo tenía que vomitar dos veces al día por lo mucho que tragaba. Y Diótimo Estoico tomó la cruel iniciativa de publicar cincuenta cartas obscenas que, según decía, había escrito Epicuro cuando estaba borracho y en pleno frenesí sexual.A pesar de estos ataques, las enseñanzas de Epicuro siguieron ganando adhesiones. Se propagaron a lo largo y ancho del mundo mediterráneo. Se fundaron escuelas del placer en Siria, Judea, Egipto, Italia y Galia. Su filosofía siguió ejerciendo influencia durante los quinientos años siguientes y sólo habría de extinguirse de forma gradual (a causa de la hostilidad de los terribles bárbaros y de los cristianos) durante la decadencia del Imperio Romano en Occidente. Incluso entonces, el nombre de Epicuro se incorporó a muchas lenguas en forma de adjetivo, a modo de homenaje a sus intereses (epicúreo: sensual, voluptuoso, entregado a los placeres - Diccionario de la Lengua Castellana). Hoy, a más de 2300 años del nacimiento del filósofo, una revista trimestral londinense llamada "Epicurean Life (Vida epicúrea)", impresa en papel brillante cual manzana bien lustrosa, publica artículos sobre hoteles, yates y restaurantes de lujo. Quienes oyeron en aquella época los rumores de "placer desmedido" que ejercitaba el filósofo, debieron quedarse perplejos al descubrir los auténticos gustos de aquél y sus seguidores: no había ninguna grandiosa mansión y la comida era sencilla, Epicuro prefería el agua al vino y se contentaba con una comida a base de pan, verduras y olivas. "Mándame un queso envasado para que, cuando lo guste, pueda darme un lujo", pidió a un amigo. Tales eran los gustos de un hombre que había señalado al "placer" como objetivo vital. No pretendía engañar. Su devoción por el placer era harto mayor de lo que hubiesen acertado a imaginar quienes lo acusaban de celebrar orgías. Lo único que sucedía era que, luego de un examen racional, había llegado a conclusiones sorprendentes sobre las auténticas fuentes de la vida placentera y, por fortuna para quienes careciesen de cuantiosos ingresos, todo apuntaba a que los ingredientes esenciales del placer -por muy escurridizos que fueran- no eran en absoluto caros...
martes, 16 de octubre de 2007
COMO UNA JIRAFA AL NACER

Creo que en mi nuevo trabajo me está ocurriendo lo que a las jirafas cuando nacen. Voy a contar la metáfora y que cada lector saque las conclusiones.
Cuando una jirafa nace, cae cerca de dos metros -desde el vientre de su madre hasta el suelo- y por lo general de espaldas. Aturdida y temblorosa, rueda hasta poner sus patas bajo su cuerpo e intenta levantarse. Pero, en cuanto logra incorporarse, su madre la empuja con su cuello y la tira nuevamente al suelo. Lo intenta una y otra vez... pero encuentra siempre el mismo proceso que se repite. Cuando -finalmente- logra ponerse de pie sin que sus patas tiemblen, la madre la empuja una vez más... e intenta hacerla caer. Si cae, deberá levantarse de nuevo hasta poder resistir el embate de su madre.
Las jirafas jóvenes deben aprender a pararse rápido y caminar, para poder moverse con la manada: esa es su única posibilidad de supervivencia. El aprendizaje provocado por la madre fortalece a la recién nacida y, sin duda, le salva la vida.
Me metaforizo en el nacimiento de las jirafas, esa es mi esperanza. Sin duda este aprendizaje en un tren en marcha, al que solo caen sacos de situaciones sobre las que actuar sin saber cómo, me fortalecerá la voluntad y me salvará la vida.
jueves, 11 de octubre de 2007
INTERIOR

El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que el cristal no siempre es opaco,
que los niños no rompen en lo oscuro las palabras,
que el peligro no tiene por qué ocultarse
y la experiencia me confirma
que el cristal no siempre es opaco,
que los niños no rompen en lo oscuro las palabras,
que el peligro no tiene por qué ocultarse
en los rincones.
El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que el otoño desnuda la inocencia de los chopos,
que los gatos se pasean libremente por las noches,
que el hombre oculta la conciencia
El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que el otoño desnuda la inocencia de los chopos,
que los gatos se pasean libremente por las noches,
que el hombre oculta la conciencia
en el bolsillo.
El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que soñar es el recurso de los pobres,
que no morir es el sueño de las piedras,
que gritar, ¡ay!, gritar, es perdonar, a veces,
El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que soñar es el recurso de los pobres,
que no morir es el sueño de las piedras,
que gritar, ¡ay!, gritar, es perdonar, a veces,
el silencio.
El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que debo callar
El corazón me avisa
y la experiencia me confirma
que debo callar
...pero no puedo.
NIÑOS RESPETADOS, ADULTOS RESPETABLES
El respeto, como tantos otros valores, se aprende observando y siguiendo el ejemplo de los demás. Este modelo, para los más pequeños, proviene principalmente de sus padres y de quienes se ocupan de cuidarles. Para aprender respeto, los niños necesitan, previamente, ser respetados. El mejor trabajo que un padre puede hacer, para enseñar respeto a sus hijos, es mostrarse respetuoso hacia ellos y hacia sí mismo. La empatía y la autoestima son dos aspectos fundamentales para formar niños respetuosos, respetados... y respetables.Podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar la empatía (la habilidad de comprender cómo sienten los demás), haciéndoles estar atentos y enseñándoles a buscar los motivos por los cuales los otros sienten como sienten. Es especialmente importante mostrarles abiertamente nuestros sentimientos -buenos y malos- por las cosas que ellos hacen. Ellos deben saber que queremos que consideren nuestros sentimientos, que nos cuiden y que muestren sensibilidad. El ejemplo de los padres es la influencia más poderosa que un niño pueda tener. Mostrar real interés en los sentimientos de los demás y compartir nuestro tiempo y energía con otros, son claros ejemplos de compasión y generosidad. Algo tan simple y cotidiano como nuestra manera de comunicarnos, como el decir "discúlpeme", "perdón" o "por favor", muestran que estamos atentos a las necesidades y sentimientos de quienes nos rodean y que los respetamos. Una buena práctica de la empatía es la tolerancia con los errores. Los padres somos seres humanos y, como tales, cometemos errores y tenemos malos días. Olvidemos nuestro orgullo cuando tratamos mal una situación y herimos los sentimientos de nuestros hijos. Es realmente importante decir al niño que lo sentimos. Pedir sinceras disculpas, en forma clara y simple, es una señal que indica a nuestros hijos que respetamos sus sentimientos y que estamos arrepentidos por nuestro comportamiento. Ser capaces de aceptar nuestros propios errores y los de nuestros hijos es una buena manera de enseñar que no es malo cometer errores y de verlos como parte de un proceso de mutuo aprendizaje. Lo importante es admitirlos y pedir disculpas por ellos. Esto nos acerca más a los niños y hace que nos comprendan y crean en nosotros. Seamos conscientes de las necesidades de nuestros hijos y de la forma en que ellos prefieren recibir los mensajes. Si es mediante nuestros actos (haciendo cosas), nuestras palabras (... me gustaría ver que hiciste...) o nuestros gestos (un abrazo o una caricia). Una muestra directa de respeto es el uso de modales gentiles y tonos de voz suaves para orientarlos, sin sacudirlos por el brazo, gritarles o amenazarles. Cuando nos veamos en la obligación de marcar un comportamiento negativo, evitemos el uso de voces autoritarias y reemplacémoslas por mensajes directos y firmes, siempre con un tono de voz respetuoso.
Ayudar a nuestros hijos a sentirse bien con ellos mismos es una buena forma de generar en ellos un sentido del respeto. Reconocer abiertamente cuando hacen las cosas bien es una forma de demostrarles nuestra aprobación. Por ejemplo, cuando nuestros hijos demuestran ser empáticos y atentos con los demás, cuando hacen cosas por otras personas, digámosles lo orgullosos que nos sentimos o dejemos que nos escuchen decir a alguien lo orgullosos que estamos de ellos. Si deseamos que nuestros hijos sientan y muestren respeto por los demás, es importante que nos respetemos y que les enseñemos a hacer lo mismo con ellos. Desarrollar los propios intereses, valorar los éxitos y fortalezas, reconocer los esfuerzos, ser positivos, usar el sentido del humor para darle perspectiva a la vida, son algunas acciones que contribuyen a reforzar la auto-estima y el auto-respeto en la infancia. Haciéndose respetar, un niño desarrolla la confianza en sí mismo sin disminuir a los demás. Los niños que se hacen respetar, desarrollando comportamientos afirmativos de su persona, son capaces de luchar por sus derechos, de manejar situaciones de conflicto y pueden convencer a los demás de que ellos no serán intimidados. Algunos padres temen que un niño compasivo pueda ser considerado "débil". Por el contrario, investigaciones en el campo de la psicología infantil demuestran que los niños y adolescentes que son valorados por sus compañeros en su carácter, su capacidad de ayuda, su cooperación y su sensibilidad hacia los sentimientos de los demás, están entre los más populares y exitosos en sus colegios y comunidades.
"Si confiamos en nuestra fuerza, sin alardear de ella, respetaremos la de otros, sin temerle"-decía Thomas Jefferson.
"Si confiamos en nuestra fuerza, sin alardear de ella, respetaremos la de otros, sin temerle"-decía Thomas Jefferson.
Los niños que son respetados por sus padres suelen exigir respeto hacia ellos mismos. Cuando es intimidado, un chico respetuoso y con auto-respeto puede fijar sus posiciones y opiniones claramente, sin necesidad de utilizar agresiones u otras actitudes antisociales. Los padres pueden orientar a sus hijos a defender sus derechos y aún así respetar los sentimientos de los demás. El niño que puede oponerse al reto en una manera respetuosa pero firme, normalmente incrementa su auto-estima y su posición ante los demás.
Si deseamos un futuro de adultos respetables, comencemos por respetar más a nuestros niños...
Si deseamos un futuro de adultos respetables, comencemos por respetar más a nuestros niños...
jueves, 4 de octubre de 2007
VIVIR, VIVIR ES LO QUE IMPORTA

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no se atreve a cambiar el color de su vestimenta o bien no conversa con quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente estas que regresan el brillo a los ojos y restauran los corazones destrozados.
Muere lentamente quien no gira el volante cuando esta infeliz con su trabajo, o su amor, quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida, huir de los consejos sensatos...
¡Vive hoy! ¡Arriesga hoy! ¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!
miércoles, 3 de octubre de 2007
APRENDE A SER FELIZ

Debo a las lecturas casi todo lo que soy, menos la parte química –que desconozco- y que desencadena todas las fuerzas que equilibran o desequilibran nuestro cuerpo y, por tanto también, nuestras emociones. Este texto es una síntesis organizada de algunas lecturas con las que me encuentro de acuerdo.
La persona posee una tendencia fundamental a la felicidad. Esta tendencia supone un optimismo radical y realista, fundado en la idea de que en el mundo hay algo bueno, valioso y que es posible y conveniente de alcanzar. Sólo hay verdadera felicidad si aceptamos sinceramente la realidad. Abraham Lincoln decía que "Toda persona es tan feliz como se propone serlo".
Las personas no nacemos felices o infelices, sino que aprendemos a ser lo uno o lo otro. Cada una crece con una cierta disposición a la alegría, con distinto humor. Junto a este hecho, para llegar al optimismo es preciso luchar por alcanzarlo e incorporarlo a nuestra personalidad, sobre todo, cuando aparezcan las preocupaciones.
Nuestros pensamientos tienen la habilidad de provocar emociones y estados mentales específicos. Pensamientos positivos provocan emociones, sentimientos y acciones positivas. Pensamientos optimistas como la alegría; el amor; la autoestima; o un sentido de saber hacia dónde vamos, traen como resultado entusiasmo, energía, dinamismo y paz interior. Por otra parte, los pensamientos negativos como el resentimiento o el miedo, producen resultados negativos como la tensión, la ansiedad, la fatiga y otra serie de sentimientos y emociones que no nos permiten avanzar.
La tarea de "aprender a ser feliz" ha de ser un objetivo constante de los individuos, y debiera ser verdadero objetivo educativo dentro de las familias. Nadie "se topa" con la alegría a la vuelta de una esquina, sino que hay que fomentarla día a día. Si todos los miembros de una familia, por ejemplo, -o de un equipo, segundo ejemplo- intentaran sonreír siempre y evitaran poner "caras largas", se podría conseguir mucho.
¿Cuál es la actitud necesaria para aprender a ser feliz?
1. Disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas que están presentes en nuestra vida: La conversación, el descanso, el trabajo, la naturaleza, la amistad... Siendo conscientes de que la búsqueda ansiosa y descontrolada de satisfacciones (por lo general materiales) conduce a la pérdida del equilibrio interior.
2. Mostrar un sentido positivo ante las personas y los acontecimientos: Es lo opuesto a los derrotismos y a las actitudes deprimentes y desesperanzadas, a la visión negativa de la vida, que conduce a la inquietud y el desasosiego. Encontramos alegría, cuando nos esforzamos por descubrir lo positivo que siempre (y en mayor medida que lo negativo) hay en las personas y situaciones. Aprovechar los errores para aprender.
3. Aceptar las propias posibilidades y limitaciones: Vivir con alegría lo que tenemos, sin renunciar a mejorar, pero sin tener nuestra atención centrada casi exclusivamente en lo que nos falta. No perder el tiempo en lamentaciones o quejas inútiles sobre lo que ya ha ocurrido o es irremediable. Aceptar a cada hijo –o a cada compañero o compañera de trabajo- como es y por lo que es.
4. Hacer de nuestras ocupaciones habituales una fuente de energía: Nuestro trabajo, sea el que sea, es la expresión de nuestra capacidad y nuestra contribución a la sociedad en la que vivimos. Es uno de los ámbitos, junto con el entretenimiento y el amor, principales de la vida humana y, por lo tanto, una de las fuentes de satisfacción y alegría más importantes. ¿O no?
5. Pasarlo bien, en familia –y también con la “familia” del trabajo-: Reír en familia con frecuencia y contagiar la alegría. Crear oportunidades de "pasarlo bien" todos juntos: comidas especiales, fiestas, excursiones, incluso ratos de silencio. No se trata de hacer cosas muy especiales, sino de hacer "especial" el estar juntos.
El optimismo está ligado al control de nuestras emociones, facilitando la expresión de nuestra "inteligencia emocional". Ante un hecho cualquiera, una predisposición pesimista puede hacer más probable que nos sintamos ansiosos, mientras que una actitud optimista puede hacernos sentir más tranquilos y confiados.
El optimismo forma parte de la estructura individual de cada personalidad y, desde ella, da vida y sentido a todos los conocimientos que se puedan aprender. Es como el arco iris, que da color a todos los acontecimientos de cada día. Da energía, por eso sólo los optimistas mejorarán la sociedad y dejarán su rastro.
El optimismo y la alegría conducen a la paz interior. Hay que vivirlos para saber lo que son, pero el optimismo es mucho más que ver la botella medio llena en lugar de medio vacía. Tenemos que centrarnos en las posibilidades de la situación, no en sus deficiencias.
Y para terminar, decía mi admirado Pablo Neruda lo siguiente: "Decídete y triunfarás en la vida. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados."
La persona posee una tendencia fundamental a la felicidad. Esta tendencia supone un optimismo radical y realista, fundado en la idea de que en el mundo hay algo bueno, valioso y que es posible y conveniente de alcanzar. Sólo hay verdadera felicidad si aceptamos sinceramente la realidad. Abraham Lincoln decía que "Toda persona es tan feliz como se propone serlo".
Las personas no nacemos felices o infelices, sino que aprendemos a ser lo uno o lo otro. Cada una crece con una cierta disposición a la alegría, con distinto humor. Junto a este hecho, para llegar al optimismo es preciso luchar por alcanzarlo e incorporarlo a nuestra personalidad, sobre todo, cuando aparezcan las preocupaciones.
Nuestros pensamientos tienen la habilidad de provocar emociones y estados mentales específicos. Pensamientos positivos provocan emociones, sentimientos y acciones positivas. Pensamientos optimistas como la alegría; el amor; la autoestima; o un sentido de saber hacia dónde vamos, traen como resultado entusiasmo, energía, dinamismo y paz interior. Por otra parte, los pensamientos negativos como el resentimiento o el miedo, producen resultados negativos como la tensión, la ansiedad, la fatiga y otra serie de sentimientos y emociones que no nos permiten avanzar.
La tarea de "aprender a ser feliz" ha de ser un objetivo constante de los individuos, y debiera ser verdadero objetivo educativo dentro de las familias. Nadie "se topa" con la alegría a la vuelta de una esquina, sino que hay que fomentarla día a día. Si todos los miembros de una familia, por ejemplo, -o de un equipo, segundo ejemplo- intentaran sonreír siempre y evitaran poner "caras largas", se podría conseguir mucho.
¿Cuál es la actitud necesaria para aprender a ser feliz?
1. Disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas que están presentes en nuestra vida: La conversación, el descanso, el trabajo, la naturaleza, la amistad... Siendo conscientes de que la búsqueda ansiosa y descontrolada de satisfacciones (por lo general materiales) conduce a la pérdida del equilibrio interior.
2. Mostrar un sentido positivo ante las personas y los acontecimientos: Es lo opuesto a los derrotismos y a las actitudes deprimentes y desesperanzadas, a la visión negativa de la vida, que conduce a la inquietud y el desasosiego. Encontramos alegría, cuando nos esforzamos por descubrir lo positivo que siempre (y en mayor medida que lo negativo) hay en las personas y situaciones. Aprovechar los errores para aprender.
3. Aceptar las propias posibilidades y limitaciones: Vivir con alegría lo que tenemos, sin renunciar a mejorar, pero sin tener nuestra atención centrada casi exclusivamente en lo que nos falta. No perder el tiempo en lamentaciones o quejas inútiles sobre lo que ya ha ocurrido o es irremediable. Aceptar a cada hijo –o a cada compañero o compañera de trabajo- como es y por lo que es.
4. Hacer de nuestras ocupaciones habituales una fuente de energía: Nuestro trabajo, sea el que sea, es la expresión de nuestra capacidad y nuestra contribución a la sociedad en la que vivimos. Es uno de los ámbitos, junto con el entretenimiento y el amor, principales de la vida humana y, por lo tanto, una de las fuentes de satisfacción y alegría más importantes. ¿O no?
5. Pasarlo bien, en familia –y también con la “familia” del trabajo-: Reír en familia con frecuencia y contagiar la alegría. Crear oportunidades de "pasarlo bien" todos juntos: comidas especiales, fiestas, excursiones, incluso ratos de silencio. No se trata de hacer cosas muy especiales, sino de hacer "especial" el estar juntos.
El optimismo está ligado al control de nuestras emociones, facilitando la expresión de nuestra "inteligencia emocional". Ante un hecho cualquiera, una predisposición pesimista puede hacer más probable que nos sintamos ansiosos, mientras que una actitud optimista puede hacernos sentir más tranquilos y confiados.
El optimismo forma parte de la estructura individual de cada personalidad y, desde ella, da vida y sentido a todos los conocimientos que se puedan aprender. Es como el arco iris, que da color a todos los acontecimientos de cada día. Da energía, por eso sólo los optimistas mejorarán la sociedad y dejarán su rastro.
El optimismo y la alegría conducen a la paz interior. Hay que vivirlos para saber lo que son, pero el optimismo es mucho más que ver la botella medio llena en lugar de medio vacía. Tenemos que centrarnos en las posibilidades de la situación, no en sus deficiencias.
Y para terminar, decía mi admirado Pablo Neruda lo siguiente: "Decídete y triunfarás en la vida. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados."
viernes, 29 de junio de 2007
Educación para la ciudadanía y "el mal"
Puedo estar de acuerdo con algo o no estarlo hasta donde la razón me asista. Lo que me parece muy fuerte, por irracional y dogmático, es la afirmación anatemática que ha formulado el señor Cañizares, arzobispo de Toledo, de que quien sostenga opinión favorable sobre la muy terrenal asignatura de Educación para la ciudadanía está inmerso en el colaboracionismo con “el mal”, ni más ni menos. Así que educar ciudadanos en el contexto de su tiempo y crear una sociedad en la que el respeto impere es tener relación con el maligno. ¡Apañados vamos con estos pastores que confunden ciudadanos con fieles!Creo que vivimos en un estado aconfesional en el que ninguna Iglesia debería tener derecho a manipular o chantajear a un Gobierno según le convenga. Es más, soy, por racionalista y respetuoso con todas las creencias, un poco afrancesado, y considero que no se debiera mostrar trato de favor con ninguna institución cuya labor no esté relacionada con la existencia en la tierra de los humanos.
El campo conceptual de las iglesias es el de la trascendencia y eso no es ni regulable ni subvencionable, y, desde luego, lo que me parece extravagante es una iglesia metida en política, aunque en España la tradición de acompañar dictadores bajo palio parece que ha echado raíces en algunos corazones.
Cualquier iglesia está por encima del Estado en lo que se refiere a sus dogmas, eso no es discutible, pero ahí no entra el Estado; sin embargo éstas como instituciones sociales y con bienes terrenales nunca se deben imponer sobre la sociedad y menos exacerbando sentimientos irracionales y sacando a pasear al diablo. Nada tiene que ver “educar ciudadanos” –obligación del conjunto de la sociedad- con educar en una determinada religión a personas específicas que viven en esa creencia –responsabilidad de la institución religiosa-.
Las personas que militamos en la razón, si queremos distinguirnos de los fanáticos, no podemos comportarnos como ellos. Si queremos distinguirnos de los intolerantes, no podemos ser intolerantes con ellos. No creo que para ser buena persona haya que llevar al diablo sobre la chepa.
En esto de la Educación para la ciudadanía creo que hay que actuar desde la razón, sin que sea la pasión la que nos ciegue. Lo que echo en falta es que las instancias del Estado, en todos sus ámbitos: el central y el autonómico, no expliquen convenientemente esta asignatura y dejen el mensaje en la parte más intolerante y dogmática. Solo así se entiende que los demagogos, subidos en el pedestal, anden frotándose las manos.
viernes, 15 de junio de 2007
¡AY! DE LOS MENTIROSOS

La maledicencia en política –y en otros aspectos de la vida- sólo se contrarresta con la verdad o, siendo malo, con una maledicencia superior. En época de cambios suelen crecer como setas quienes llevan a su vida pragmática la teoría de que es más fácil destruir que crear. La fauna de mentirosos y de vendeburras se postula por las esquinas de los incautos y los ingenuos. De estos que, para vender algo, necesitan echar mano del hablar mal de personas nunca presentes, lo único que se puede decir es que o tienen mal producto que vender, o no creen en él o sólo buscan su medro, importándoles un bledo el bien común de los ciudadanos. Quienes mandan, si tienen el día estresado y andan distraídos, a veces se tragan estos envoltorios de celofán muy bien adobados por los profesionales de la embaucación. Si embargo no hay que pensar mal del poder y de la mucha gente de criterio que lo ostenta, pues en los más de los casos tienen –o deben tener- el ojo abierto ante estos “ángeles” portadores de la “mala nueva” sobre terceros y no se dejan vender la manta. No obstante, como en el fútbol, no estaría de más que se sacase tarjeta amarilla o roja a quienes no vegetan a luz de ninguna ética ni personal ni social. Si viviéramos en el siglo XIX, estas cosas las combatiríamos con un buen libelo o con unas octavillas volanderas en las que airear nombres y pecados. Quizá algún día a mi amigo el de la ventana y a mi se nos hincha la cachimba y reinventamos el género. Nos íbamos a divertir, ¿te acuerdas, Jesús, del “libelo de las flores”? Si queremos de verdad una sociedad libre, tenemos que crear una sociedad veraz y creer en ella. Quizá por esto habría que exponer en la plaza pública las mentiras y a los mentirosos hasta que se sequen como cecinas. Hago extensivas las conclusiones de estos argumentos también a quienes han puesto el ventilador de la ponzoña a propósito de la asignatura que debiera ser más troncal de todas las que componen la ley de educación, la “Educación par la ciudadanía”, ¡vaya tropa! ¿¡Qué querrán, que nos volvamos trogloditas a los que infundir temor con los mitos de la creencia!?
viernes, 8 de junio de 2007
FESTIVAL DE MÚSICA ANTIGUA DE TOLEDO
Toledo es una ciudad con marca que tiene el marco más adecuado para convertirse en una referencia mundial de la música antigua. Tiene también un tesoro escondido de estas músicas en el archivo de la catedral, que espera su catalogación definitiva, pues hay en él tanto patrimonio o más que sacar a la luz que el que duerme bajo las hierbas y la tierra de la Vega Baja.En el mundo, y en Europa especialmente, existe verdadera pasión por dar a conocer la cultura musical que hunde sus raíces en la historia y que culmina en el barroco. En España, como casi siempre, salvo honrosas excepciones (Barcelona, Sevilla, Aranjuez, Zamora, Sajazarra, Salas de los Infantes o Estella), se va un paso por detrás.
En Toledo, el Corpus de Música Antigua sobrevive gracias a la férrea voluntad del musicólogo Carlos Martínez Gil y con la permanente incertidumbre de si será posible poder levantarlo un año tras otro, porque aquí a algunos les importa más el “figureo” que el facilitar las gestiones y la financiación con el tiempo que requiere una planificación razonable. Hay incluso instituciones bisojas, si no ciegas, que parecen no considerar progresista la cultura que no se adoba con parafernalia y espectáculo, ¡el diablo las lleve!, y no toman en consideración esta parcela de la civilización. Algo habrá que hacer para llamar la atención, quizá quemarse a lo bonzo en la plaza de Zocodover. Me presto a ello.
En la reciente edición, durante los días 2, 3 y 4 de junio, han tenido lugar tres conciertos memorables, uno en la iglesia de Santo Tomé y dos en el patio geminado del Hospital Tavera. Excelentes la música y los músicos. En el primero, los motetes de Casellas, de la catedral de Toledo, y la música de las misiones jesuíticas de Moxos y Chiquitos, interpretados por el grupo toledano “Memoria de los Sentidos”, sólo recibió alabanzas del público y del prestigioso crítico Andrés Ruiz Tarazona. En el segundo, Los Músicos de su Alteza nos hicieron gozar casi hasta el éxtasis con las óperas de Monteverdi. En el tercero y último, La Grande Chapelle/Schola Antiqua nos dejó con hambre de más música tras su canto de “Vísperas de Confesores” de José de Nebra.
Sin apenas publicidad, a los conciertos ha asistido una media de cuatrocientas personas, ¡todo un éxito! Que tome nota quien tenga que hacerlo para el futuro.
viernes, 1 de junio de 2007
CULTURA PROGRESISTA Y CREATIVIDAD
Hace algún tiempo, no mucho, hablaba con un amigo, político, por cierto, en ejercicio, sobre las características que debería tener la persona que andaban buscando en su ciudad –no Toledo, ¡líbreme Dios del diablo!- para liderar los programas de cultura. Quienes sigan esta columna saben lo que pienso a estos efectos: que la cultura es innovación y creatividad, que hay que ir un paso por delante, que no es quietismo ni pasado, QUE HAY QUE TENER ATREVIMIENTO, etc… En cambio mi nada progresista amigo me decía que no quería para el puesto un hombre de ideas, un "creativo". Lo que buscaba era –según sus palabras- alguien “sólido y más tradicional”, lo que en román paladino significa: "alguien que no "cruce la línea”, alguien con sentido “del común”, alguien "que no invenvente la rueda", que deje las cosas a su aire, que más vale que no haga ruido. ¡Lagarto, lagarto! No nos pusimos de acuerdo, pero comimos opíparamente en un restaurante que me alabó por lo moderno en la decostrucción de los platos. Asombroso, pensaba yo, qué diferencia entre las ideas sobre la cultura y sobre la comida. Mi amigo consumía creatividad pero, en cambio, no estaba porque ésta se fomentase en las ideas culturales que buscaba para su ciudad. No quería despertar el rebaño, sino que éste se amodorrase más, pues no hay nada más propicio para el poder que pastorear ovejas modorras. Asombroso de nuevo. No importa que no se avance, cuantos menos puntos de referencia cambies, menos se van a meter contigo. Perfecto, le dije. Si por ti fuera no se hubiera inventado la rueda, porque nadie necesitaba ruedas antes de que éstas fueran inventadas. La cultura debe servir no para aborregar, sino para desarrollar el sentido crítico de las personas, y sólo hay avance si hay innovación, cambio de referencias y sentido crítico.
Uno de los mayores escollos contra la creatividad es el conformismo. Una sociedad conformista quizá es feliz en su quietud, pero sería terrible que un dirigente que busca el avance estableciese sus parámetros de pensamiento en el conformismo. Al menos seis recursos personales debiera tener, en mi opinión, esa persona que nunca contrataría mi amigo, para combatir la conformidad: Inteligencia, conocimiento, estilo de pensamiento (cómo usar la inteligencia y el conocimiento), personalidad (fundamental para defender nuevas ideas en un entorno refractario), motivación y contexto. A lo dicho habría que añadir la influencia de la perseverancia, la voluntad, la tolerancia, la apertura y el coraje en la búsqueda de creatividad en una cultura conformista (como la nuestra). ¡Ah! y la creatividad ni es de izquierdas ni de derechas. Por ejemplo: Gallardón favorece la creatividad, Jacques Lang también.
Uno de los mayores escollos contra la creatividad es el conformismo. Una sociedad conformista quizá es feliz en su quietud, pero sería terrible que un dirigente que busca el avance estableciese sus parámetros de pensamiento en el conformismo. Al menos seis recursos personales debiera tener, en mi opinión, esa persona que nunca contrataría mi amigo, para combatir la conformidad: Inteligencia, conocimiento, estilo de pensamiento (cómo usar la inteligencia y el conocimiento), personalidad (fundamental para defender nuevas ideas en un entorno refractario), motivación y contexto. A lo dicho habría que añadir la influencia de la perseverancia, la voluntad, la tolerancia, la apertura y el coraje en la búsqueda de creatividad en una cultura conformista (como la nuestra). ¡Ah! y la creatividad ni es de izquierdas ni de derechas. Por ejemplo: Gallardón favorece la creatividad, Jacques Lang también.
jueves, 24 de mayo de 2007
LA CARPINTERÍA TOLEDANA
Quiero relatar un cuento fantástico con el que me sirvo de metáfora para decir lo que pienso de cómo debe funcionar un alcalde y sus concejales en las nuevas corporaciones que se constituyan. El relato dice lo siguiente:“Cuentan que en una carpintería toledana hubo una extraña asamblea... Fue una reunión de herramientas, que eran conscientes de sus diferencias, pero sin haber hablado nunca de ellas, y pretendían arreglarlas.
El martillo pretendió en principio ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar, ya que se pasaba todo el tiempo haciendo ruidos.
El martillo aceptó “su” la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera.
El tornillo aceptó a regañadientes el ataque, pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás.
La lija, aunque no tenía mal concepto de sí misma, estuvo de acuerdo en lo de las fricciones, pero exigió que fuera expulsado el metro, que se pasaba el tiempo midiendo (evaluando los quehaceres) a sus compañeros, como si él fuera perfecto.
En estas andaban, cuando entró el carpintero y se puso a trabajar. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. En poco tiempo logró que la tosca de madera se convirtiera en un hermoso mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Al conjunto de herramientas que habían hablado se incorporó el serrucho, al que todas consideraban el más agresivo. Y fue entonces cuando el serrucho dijo:
- Compañeras y compañeros de faena, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero, que es sabio, ha trabajado con nuestras mejores cualidades. Y eso nos hace valiosos. Así que vamos a dejar de mirarnos el ombligo, vamos a dejar de ver la paja en el ojo ajeno y no pensemos en nuestras fallas…, concentrémosnos mejor en la utilidad de nuestros méritos.
La asamblea, despojada de egoísmos y de egocentrismos, pudo ver entonces que el martillo es fuerte, el tornillo une, la lija pule asperezas y el metro es preciso. Las herramientas se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad. Esta nueva mirada de las herramientas sobre sí mismas las hizo sentirse orgullosas de sus fortalezas y las capacitó para trabajar juntas. No fue necesario echar a nadie”.
Algo así, como en el cuento, es lo que yo quiero para el equipo que lleve mi ciudad hacia el progreso.
martes, 8 de mayo de 2007
TOLEDO. CULTURA Y PROGRESO
La UNESCO, en la “Declaración de México” de1982, declaró que …la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.Por eso, es necesario que todas las políticas, y especialmente aquellas que más en contacto están con los ciudadanos, tengan claro que la cultura es un índice de progreso y de desarrollo y nunca se debe dejar al albur de la ocurrencia circunstancial, de la pasividad absoluta o de la permanente quietud de quien sólo es capaz de mirar hacia atrás para contemplar lo mucho que se progresó en los siglos pasados.
Toledo, desde una perspectiva de concepto cultural institucional, frente a muchas ciudades de su entorno, quizá ha adolecido de este mal, el de mirar tanto su propia excelencia que ha olvidado el dinamismo de la innovación y del avance. Ha faltado reflexión, aunque no sea más que para tener conciencia de lo que afirmaba la UNESCO en 1982 sobre la “búsqueda incansable de nuevas significaciones y la creación de obras que trasciendan”. Si esto ha ocurrido así no es por mala intención, sino por la torpeza y la falta de concepto de quienes debieran ir un paso por delante.
No concibo, como Althusser, que el ámbito de la ideología sea el principal componente de la cultura, ni que ésta sea un reflejo de los intereses de la élite, ni que sea a través de los aparatos ideológicos institucionales como se reproduce en el tiempo. No, la cultura la pienso como el máximo exponente del dinamismo social, al que la institución (pública o privada, ideológica o no) tiene que ayudar a hacer camino, pues, parafraseando a Machado, sólo “se hace camino al andar” y sólo es posible avanzar si rompemos el estado de quietud.
En este sentido, un ayuntamiento que se precie de buscar lo más adecuado para sus ciudadanos debe tener un concepto cultural progresista y no “quietista”, y considerar el valor de la cultura como componente estratégico para el logro de un desarrollo integral en el que las diferencias culturales dejan de ser consideradas como obstáculos para ser apreciadas como oportunidades.
jueves, 3 de mayo de 2007
TOLEDO SIGLO XXI

Toledo es una ciudad antigua que no debe renunciar a ser moderna. Conservar vivo el pasado no es estar encadenado a él. Una ciudad conscientes de sus valores, de su historia, de su posición en el mundo y de su progreso debe apostar por la innovación y apertura; debe vivir un compromiso con lo local y con lo global y mantener el equilibrio entre un escenario antiguo y uno moderno, con la conservación y con el desarrollo.
Las personas que viven Toledo, ya sean quienes la habitan o quienes la visitan, deben tener garantizado el “derecho a la ciudad”: un marco de bienestar saludable, el disfrute de un paisaje urbano de calidad, capaz de generar experiencias enriquecedoras y no la situación estrecha y oscura donde sólo habita el olvido o la nostalgia del pasado.
Es preciso la revisión de los espacios públicos para dotarlos de un paisaje escultórico-cultural que ponga de manifiesto valores ciudadanos, como han hecho otras ciudades: León, Oviedo, Palencia, Cáceres, Granada, Santander, Y no digamos Valencia, Madrid o Barcelona. (Por ejemplo, si en Zocodover hubiera una escultura de una persona leyendo un libro, estaríamos haciendo un homenaje a la lectura y creando la posibilidad de que muchas gentes que nos visitan se hicieran la foto con una persona con un libro abierto, lo mismo que se hacen la foto con el Cervantes orgulloso del Arco de la Sangre).
Una ciudad educa desde la cultura que se ve a diario y la que se ofrece en sus museos y sus instituciones. ¿Donde está la modernidad en Toledo? Valdepeñas, que es una excelente localidad manchega, tiene más propuestas de arte moderno públicas y permanentes que esta ciudad con dos mil años de historia, pero que parece omitir la creatividad de los siglos XX y XXI.
Toledo necesita el milagro democrático y laico de un liderazgo cultural y ciudadano que abandone los bandazos bondadosos de las ocurrencias. Necesita sistema y sostenibilidad cultural con planes que impliquen activamente a las personas durante largo tiempo.
Hay que valorar a El Greco y su arte, a Garcilaso y su literatura, pero también todas aquellas manifestaciones culturales estructurales y circunstanciales que hacen una ciudad –y a sus ciudadanos- hija de su tiempo, producto de su desarrollo y comprometida con su futuro.
Una ciudad educa desde la cultura que se ve a diario y la que se ofrece en sus museos y sus instituciones. ¿Donde está la modernidad en Toledo? Valdepeñas, que es una excelente localidad manchega, tiene más propuestas de arte moderno públicas y permanentes que esta ciudad con dos mil años de historia, pero que parece omitir la creatividad de los siglos XX y XXI.
Toledo necesita el milagro democrático y laico de un liderazgo cultural y ciudadano que abandone los bandazos bondadosos de las ocurrencias. Necesita sistema y sostenibilidad cultural con planes que impliquen activamente a las personas durante largo tiempo.
Hay que valorar a El Greco y su arte, a Garcilaso y su literatura, pero también todas aquellas manifestaciones culturales estructurales y circunstanciales que hacen una ciudad –y a sus ciudadanos- hija de su tiempo, producto de su desarrollo y comprometida con su futuro.
jueves, 26 de abril de 2007
EL 13

El 13 me cae bien. También le parecía estupendo a Julio César, que solía afirmar que el 13 era su número de la suerte ya que gracias a la Legión Decimotercera alcanzó el poder y la gloria; claro que, para los romanos, este número era armónico y lo tenían en gran estima. En las culturas orientales, el 13 era un número divino.
Es la cultura judeo-cristiana la que comienza a no ver bien el 13. ¡Qué le vamos a hacer! Para la Cábala son 13 los espíritus malignos; en el Apocalipsis se hace referencia, en su capítulo 13, al anticristo y a la bestia; en la última cena, Judas fue el decimotercero en ocupar la mesa. Pero no siempre es negativo, pues, según el Antiguo Testamento, Dios tiene 13 propiedades; también con 12 monjes más un abad se puede fundar un convento. Y antiguamente había la costumbre, entre los panaderos, de regalar un pan a quien comprara 12 bollos.
Yo me quedo con la parte positiva. El 13 da cobijo a personas protectoras, pacientes, sensibles, emotivas, preocupadas por los demás, sociables, intuitivas, flexibles, pacíficas y cooperativas, y, como elemento de tierra, habla bien de personas que son trabajadoras, que gestionan bien y que gustan de entretenerse con “lo que no se ve”, es decir, con el mundo del espíritu y de las emociones.
Si sintetizo en una enumeración de conceptos lo que esconde el número 13, cuya reducción es el número 4 (1+3), tendría que hablar de estabilidad, estructura, límites, trabajo, raíces, encarnación, disciplina, responsabilidad, prudencia, lealtad, seguridad, tiempo, facilidad para concretar, pensamiento estructurado, la lógica y la razón, la deducción y la clasificación.
La abundancia es la transformación de la creación por medio del trabajo, y eso es precisamente lo que representa el (1+3), la persona estable, sencilla, tranquila, perfeccionista, ordenada, seria, disciplinada, responsable y meticulosa, cuyo único riesgo es el de vivir únicamente en función del trabajo. El 13 ama las leyes, las normas y su verbo favorito es “trabajar”.
Platón decía que el tres es la idea y el cuatro (reducción del 13) la realización de la idea.
Es la cultura judeo-cristiana la que comienza a no ver bien el 13. ¡Qué le vamos a hacer! Para la Cábala son 13 los espíritus malignos; en el Apocalipsis se hace referencia, en su capítulo 13, al anticristo y a la bestia; en la última cena, Judas fue el decimotercero en ocupar la mesa. Pero no siempre es negativo, pues, según el Antiguo Testamento, Dios tiene 13 propiedades; también con 12 monjes más un abad se puede fundar un convento. Y antiguamente había la costumbre, entre los panaderos, de regalar un pan a quien comprara 12 bollos.
Yo me quedo con la parte positiva. El 13 da cobijo a personas protectoras, pacientes, sensibles, emotivas, preocupadas por los demás, sociables, intuitivas, flexibles, pacíficas y cooperativas, y, como elemento de tierra, habla bien de personas que son trabajadoras, que gestionan bien y que gustan de entretenerse con “lo que no se ve”, es decir, con el mundo del espíritu y de las emociones.
Si sintetizo en una enumeración de conceptos lo que esconde el número 13, cuya reducción es el número 4 (1+3), tendría que hablar de estabilidad, estructura, límites, trabajo, raíces, encarnación, disciplina, responsabilidad, prudencia, lealtad, seguridad, tiempo, facilidad para concretar, pensamiento estructurado, la lógica y la razón, la deducción y la clasificación.
La abundancia es la transformación de la creación por medio del trabajo, y eso es precisamente lo que representa el (1+3), la persona estable, sencilla, tranquila, perfeccionista, ordenada, seria, disciplinada, responsable y meticulosa, cuyo único riesgo es el de vivir únicamente en función del trabajo. El 13 ama las leyes, las normas y su verbo favorito es “trabajar”.
Platón decía que el tres es la idea y el cuatro (reducción del 13) la realización de la idea.
Espero que este número mágico, el 13, que encierra la ancestral sabiduría y la tolerancia y el respeto que proporciona la cultura ayude a que Toledo pase de una vez de la política del “hay que” a la de los hechos que se vean y que sirvan para mejorar, de verdad, la calidad de la vida de las personas que viven, trabajan o visitan la ciudad.
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