La primera novela de Benjamín
G. Rosado, El vuelo del hombre, ha sido galardonada con el
prestigioso Premio Biblioteca Breve 2025, un reconocimiento que, en su
historia, han obtenido escritores tan destacados como Luis Goytisolo
(1958), Mario Vargas Llosa (1962) y Juan Marsé (1965) en su
primera etapa, así como Luisa Castro (2006), Elena Poniatowska
(2011) y Jesús Carrasco (2024) en la segunda. Esta obra se distingue por
su carácter poliédrico y su extraordinaria capacidad para entrelazar ficciones
de naturaleza diversa, ensamblándolas con la precisión de las piezas de un
puzle o las teselas de un mosaico.
Esta no es una de esas obras que
te cautivan desde las primeras líneas o páginas, sino una de aquellas que, al
llegar a la página cincuenta, ya no puedes abandonar. Despierta en el lector
ese irresistible deseo de explorar los caminos que recorren los universos
literarios y metaliterarios, no tanto por llegar al desenlace, sino por
deleitarse en el rico, sorprendente y convulso trayecto que ofrece. Comprender
plenamente el conjunto no resulta sencillo, dado que la historia se bifurca en
múltiples senderos que solo el autor y su encarnación literaria, el
protagonista Diego, dominan por completo. Es necesario armarse de paciencia,
pues, como sucede en la narración breve, en la obra teatral o en la película Testigo
de cargo, lo que parece ser puede no ser; y solo al final se revela la
verdad absoluta que cierra y da sentido a toda la obra.
Por lo dicho, intentar ofrecer
una síntesis de contraportada para esta obra resulta prácticamente imposible.
Decir que su protagonista, Diego Marín, es un joven filólogo que enfrenta
desafíos personales y profesionales mientras busca inspiración para escribir su
primera novela, que esta primera obra lo catapulta a la fama y lo lleva a Nueva
York, donde el amor y las complejidades de la vida entorpecen su carrera
literaria, o que su antiguo editor, ávido de otro éxito, lo impulsa a
investigar un extraordinario accidente que reproduce el desenlace de aquella
famosa primera novela, llevándolo a la selva colombiana, donde descubre que hay
historias que deben ser contadas a toda costa y otras que exigen el más
absoluto silencio... es, en el fondo, no decir nada.
La novela se compone de tantas
historias, que tienen sentido por sí mismas leídas de manera autónoma, que es
imposible sintetizar si no es con generalizaciones insulsas. Lo esencial radica
en que cada página destila el poder de la ficción, llevando al lector a
reflexionar sobre la vida, el destino, la ética de la narración, y los libros o
los múltiples libros dentro del libro. Esto evoca inevitablemente al personaje
de Following, el primer largometraje de Christopher Nolan. En
definitiva, se trata de un texto narrativo-descriptivo en el que suceden
multitud de cosas, y donde el autor no deja escapar ni un mínimo detalle al
construir el contexto o un mundo rico en referencias.
El tratamiento del tiempo
narrativo en El vuelo del hombre resulta especialmente significativo, ya
que tiene un impacto crucial en el desenlace. La estructura no lineal de la
novela permite que las distintas piezas de la trama se entretejan de manera
emocional y lógica, aunque esta lógica solo se revela completamente al final.
Conforme pasado y presente se entrelazan, las decisiones y errores del
protagonista adquieren un nuevo significado, mostrando cómo sus acciones
pasadas moldean de manera inevitable los acontecimientos de su presente. Este
manejo del tiempo narrativo no solo intensifica el clímax, sino que también
resalta los temas centrales de la obra. En el desenlace, Diego logra conectar
los hilos temporales, cerrando tanto su investigación como sus conflictos
internos, aunque ello implica enfrentarse a sacrificios importantes y a
verdades difíciles de aceptar.
El jurado justificó el premio con
el siguiente texto sobre El vuelo del hombre: “Una investigación
literaria sorprendente sobre el poder de la ficción para transformar la
realidad, que despliega historias dentro de historias, escrita por un gran
fabulador en la mejor tradición de narradores como Auster o Bolaño.” Y tienen
razón, aunque su valoración se queda corta. No sé si la literatura tiene la
capacidad de cambiar la realidad, pero, desde luego, dentro del libro lo logra.
En una carta final, profundamente significativa, el protagonista afirma: “Una
cosa es cierta: para que la vida pueda ofrecernos finales alternativos, estos
han de ser contados. La literatura, por sí sola, no sirve de mucho, pues parte
de la premisa de que lo verdaderamente importante son los libros, y no quien
los lee.” Por supuesto, esta afirmación adquiere su pleno sentido únicamente si
se ha leído la novela hasta el final. Podemos afirmar, desde una perspectiva
teórica, que El vuelo del hombre de Benjamín G. Rosado posee una serie de
valores literarios sobresalientes que enriquecen significativamente la experiencia
de lectura.
a) Exploración de temas
universales: La obra profundiza en dilemas como el poder transformador de la
ficción, los límites éticos de la narración y la tensión entre la ambición y la
responsabilidad personal, convirtiéndose en una reflexión profunda sobre la
naturaleza humana y el arte de contar historias. A lo largo de la novela, Diego
descubre que ser escritor no consiste únicamente en crear relatos atractivos,
sino también en comprender el impacto que estas historias tienen en la vida de
quienes las inspiran. En la conclusión, se destacan los dilemas éticos a los
que se enfrentó al escribir y las consecuencias de no haber medido bien sus
decisiones.
b) Construcción narrativa
compleja: La obra combina misterio, drama y romance en una estructura que
entrelaza pasado y presente, desafiando al lector a descubrir cómo los
acontecimientos se conectan de forma inesperada. Este enfoque, a la vez
sugerente e imperativo, impulsa al lector a sumergirse profundamente en la
historia. El tratamiento del tiempo es esencial para el desarrollo de la trama,
a la vez que añade complejidad a la lectura hasta que todos los hilos comienzan
a enlazarse. Aquí no cabe un lector pasivo, sino uno reflexivo. El pasado y el
presente se entrelazan hábilmente a través de la investigación de Diego Marín
sobre un accidente ocurrido en Colombia, que refleja el desenlace de su propia
y primera novela. Algunos eventos remiten directamente a episodios de su vida
anterior, cuando alcanzó el éxito como escritor y enfrentó los dilemas éticos
de la creación literaria. La omnipresencia de lo metaliterario en la obra
permite a los lectores explorar cómo las decisiones del pasado moldean el presente,
evidenciando que las historias afectan no solo a los personajes, sino también a
quienes los rodean.
Los recuerdos de Diego y sus
experiencias como escritor se fusionan con su investigación en curso, revelando
temas como el destino, la causalidad y la responsabilidad del narrador ante la
realidad que documenta. La estructura narrativa opera como un puente emocional
entre el presente de Diego y los ecos de sus elecciones pasadas, dando lugar a
un relato que resuena en múltiples dimensiones temporales.
La narrativa no lineal amplía la
comprensión del tiempo al desdibujar las fronteras entre el pasado y el
presente. Este recurso no solo enfatiza la conexión emocional entre los
diferentes momentos de la vida de Diego Marín, sino que también refuerza la idea
de que los eventos pasados influyen directamente en las decisiones y conflictos
del presente. Al alternar entre ambas líneas temporales, el lector es llevado a
reflexionar sobre cómo los ecos de una acción pueden reverberar años después.
Además, esta estructura narrativa genera un constante sentido de intriga y
descubrimiento, ya que las piezas del rompecabezas temporal se desvelan de
manera gradual. Esto invita al lector a adoptar una postura más atenta,
reorganizando los eventos en su mente para comprender cómo se interrelacionan.
Por tanto, la narrativa no lineal no solo enriquece la trama, sino que también
convierte la experiencia de lectura en algo más activo e inmersivo.
c) Personajes multidimensionales:
Diego Marín es el eje central de la historia, alrededor del cual todo gira.
Tanto él como los demás personajes están magistralmente desarrollados,
reflejando con autenticidad las vulnerabilidades y contradicciones inherentes
al ser humano. Esto permite al lector identificarse con ellos, disentir o
incluso cuestionar sus propias posturas y valores. Cabe destacar, además, el
atractivo literario con el que han sido construidos los personajes femeninos,
cuya profundidad y complejidad enriquecen aún más la narrativa.
d) Ambientación evocadora: Desde
la cosmopolita Nueva York o Valparaíso hasta la enigmática selva colombiana, la
novela ofrece escenarios vívidos que no solo contextualizan la trama, sino que
también refuerzan los contrastes entre la vida urbana y la naturaleza salvaje.
Estos entornos no son meros telones de fondo, sino que influyen profundamente
en los personajes, resaltando las tensiones internas y las transformaciones que
experimentan a lo largo de la historia.
e) Reflexión sobre el oficio
literario: La obra coloca en el centro la figura del escritor como un mediador
entre la realidad y la ficción, instando al lector a reflexionar sobre las
responsabilidades inherentes al acto de crear.
Estos valores dan otra dimensión
a la novela y la convierten en algo más que una historia sobre la que giran
muchas historias; es una invitación a pensar sobre los límites de la
creatividad y el poderoso impacto que las palabras pueden ejercer en las vidas
reales.
Un último concepto que merece ser
destacado está relacionado con el impacto emocional de la conclusión de la
novela y los temas que se resuelven en ella. El desenlace de El vuelo del
hombre genera un impacto profundo porque enfrenta tanto al protagonista
como al lector con las consecuencias irreversibles de las decisiones tomadas y
el peso de las historias. En el plano personal, Diego Marín consigue cerrar su
investigación, pero no sin pagar un alto costo emocional: debe afrontar la
pérdida de algo valioso, sea una relación, un sueño o incluso una parte de sí
mismo. Este desenlace subraya la idea de que hay historias que necesitan ser
contadas, mientras que otras exigen silencio para preservar algo más
significativo que la verdad.
En esta conclusión se resuelven
varios puntos fundamentales de la novela: a) La responsabilidad ética en la
narración: Diego descubre que ser escritor no solo implica crear relatos
atractivos, sino también comprender el impacto que estas historias tienen en
las vidas de quienes las inspiran. El desenlace da prioridad a los dilemas
éticos que enfrentó durante la escritura y a las consecuencias derivadas de sus
decisiones. b) El destino y la causalidad: La historia muestra la interconexión
entre el pasado y el presente, evidenciando que, aunque Diego pueda desentrañar
ciertos misterios, no puede escapar a los efectos de sus elecciones previas. El
cierre refuerza la sensación de inevitabilidad y destaca la relación entre
causa y efecto. c) El poder transformador de la ficción: El desenlace enfatiza
que las historias tienen la capacidad de cambiar vidas, pero también pueden
causar daño si no se manejan con cuidado. Diego se enfrenta a esta dualidad al
comprender que su propia novela ha tenido repercusiones reales más allá de sus
páginas.
El impacto emocional del
desenlace radica en el equilibrio entre la satisfacción de resolver el misterio
y el vacío que dejan los sacrificios realizados. La obra culmina como una
profunda reflexión sobre el significado de ser escritor, dejando constancia de
que las palabras poseen un peso mucho mayor del que se podría imaginar.
El vuelo del hombre es una
novela que encapsula la esencia de la vida en todas sus facetas: los amores y
desamores, el deleite de la comida y los vinos, la emoción de aventurarse en lo
desconocido, las risas y las lágrimas, lo sorprendente y lo cotidiano, lo
verosímil y lo imposible. Los seres humanos, con sus grandezas y miserias,
están retratados con profundidad y sensibilidad. En definitiva, se trata de una
obra capaz de cautivar tanto al lector voraz como a aquel que prefiere
disfrutarla con calma y sosiego.