lunes, 24 de marzo de 2008

LAS SOLUCIONES CUANTO ANTES

Dos amigos se sentaron a comer pan con miel en la terraza de la casa de uno de ellos. Mientras miraban a la calle asomados, conversaban de sus cosas y reían como solo saben reír dos amigos que hablan. En un momento, el dueño de casa se distrajo y dejó caer unas gotas de miel sobre la baranda.
-Déjame limpiarlo, se ofreció su amigo.
-No te preocupes. No es nuestro problema. Ya lo limpiaré luego, dijo el que había dejado caer las gotas de miel.
Continuaron hablando y riendo y comiendo. Las gotas de miel de la baranda comenzaron a deslizarse hasta caer a la calle. El dulzor atrajo a una mosca, que se posó sobre la gotita de miel y comenzó a comerla. Inmediatamente, una rata salió de una alcantarilla y con su lengua se tragó la mosca. A los pocos segundos, un gato vio a la rata y saltó sobre ella como solo lo saben hacer los gatos cazadores de ratas. Luego, apareció un perro y atacó al gato.
-Parece que hay un perro y un gato peleando en la calle. ¿Deberíamos llamar a alguien para que detenga la pelea?, preguntó el amigo que quiso antes limpiar la gota de miel de la baranda.
-No te preocupes. No es nuestro problema, dijo el otro.
Los dos continuaron hablando y riendo y comiendo pan untado en miel. Entonces, llegó el dueño del gato y comenzó a pegarle al perro. Al poco, se presentó el dueño del perro y pateó al gato. En pocos segundos, ambos hombres estaban pegándose.
-Hay dos personas peleando en la calle. ¿No deberíamos detenerlas?, preguntó el que había querido limpiar la gotita de miel cuando se cayó en la baranda.
-No te preocupes. No es nuestro problema, volvió a repetir indiferente el amigo dueño de la casa. Durante los próximos minutos fueron llegando familiares del dueño del perro y amigos del dueño del gato y comenzó una pelea entre ambos grupos.
-Hay un grupo de personas peleando en la calle. Creo que deberíamos intervenir para poner un poco de paz y que entren en razón, sugirió esta vez el amigo que quiso limpiar la miel que había caído de la baranda al suelo. Nuevamente, el dueño de la casa dijo con un aire de despreocupación:
-No te preocupes. No es nuestro problema.
El tumulto era considerable. La policía llegó con sus coches que alarmaban con sus sirenas. Primero intentaron detener la pelea pacíficamente, pero finalmente se vieron en vueltos en la pelea rabiosa entre ambos bandos y terminaron absorbidos en ella. Y así continuó agravándose el conflicto, hasta que se rompieron escaparates, se incendiaron casas y negocios y muchas personas resultaron heridas. Hasta la propia vivienda donde los vecinos compartían su merienda, fue saqueada e incendiada.
Al caer la noche, ambos amigos miraban pensativos las ruinas de la casa.
-Creo que me equivoqué -reconoció el dueño, al que se le desprendía gruesos lagrimones viendo su casa quemada- Esas gotas de miel eran nuestro problema.

Este cuento tiene moraleja para cualquiera de los aspectos de la vida: con nuestra pareja, con nuestros hijos, en nuestro trabajo, allí donde quiera que estemos. El asunto es que, en ocasiones, la "no intervención" sólo contribuye a empeorar las cosas. ¿Cuántas veces nos sucede que dejamos pasar algo que pudo ser resuelto con una acción simple y luego se complica tanto que termina abrumándonos? Pues ¡¡¡tomemos nota!!!


(Si os ha gustado el cuento, dejad un comentario, que estimula mucho).

5 comentarios:

Gonzalo dijo...

Pues sí, me ha gustado tu cuento; además, creo que para niños y jóvenes puede resultar de más fácil comprensión que el famoso "y después vivieron a por mí, pero ya era tarde". Me gustan tus intervenciones o explicaciones educativas en tus post, Antonio.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Creo que es algo fácil de decir y difícil de hacer. Cuando estamos inmersos en la vida cotidiana y nos envuelve la rutina, hasta limpiar una gotita de miel puede parecer, ciertamente, que no es cosa nuestra. Pero bien es cierto que es bueno pararse, leer algo como esto que has escrito y al menos mover nuestros amueblados pensamientos. Gracias por la motivación.

Mario Illán dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mario Illán dijo...

El cuento está bonito.
Recuerda a los de Bucay.
La moraleja es que hay que tener la casa bien limpita.
Me ha recoradado a esta otra fábula:
A un pastel de rica miel dos mil moscas acudieron y por golosas murieron presas de patas en él.

Manu dijo...

No se si por la miel, pero el calificativo que me viene a la boca es delicioso.

Me provoca una sensación parecida a la "parábola" que aparece en la película Asesinos (Richard Donner, 1995), con un canario, una vaca, un gato y... lo que una vaca envía a /dev/null...

¿Para cuándo la próxima fábula? ^_^