jueves, 8 de octubre de 2009

REFLEXIÓN DE OTOÑO

¡Dichosa edad...! Cuando uno es joven, está impelido y determinado a decir "las cosas tal cual son”, "tal cual se sienten", sin importar el más allá de las palabras. Luego, ese fuego se atempera por la compasión de los años y los alifafes de la vida con dilemas -y paradojas- de nuestra propia existencia -experiencia vital, quiero decir-, tanto personal como profesional. Nuestras certezas lentamente dan paso a nuestra humildad y a una creciente sensación de que hay muchas maneras de decir “las cosas tal cual son”, "tal cual las sentimos" y, ahora, por fin, "como las pensamos"; cualquier situación puede ser matizada por la experiencia desde múltiples perspectivas. Esta es la sabiduría que nos da el tiempo: la de ver las cosas con otras emociones y otros conocimientos... Sabe más el diablo por viejo que por diablo. Estas otras perspectivas son las mismas que podríamos alcanzar abriéndonos a otros; compartiendo con personas de otras generaciones, otras procedencias y otras vivencias. Conversar, abrirse, contar, tener confianza libre... ¡nos falta tanto de esto! La magia de la diversidad es la de oferecernos todas esas perspectivas sin necesidad de envejecer.

2 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

... No sólo "sin necesidad de envejecer", sino, acaso, "rejuveneciendo" con ella.

Bien apuntada esta reflexión sobre el tiempo y la edad... ¿No estaremos cumpliendo años? (emoticón con guiño)

Un saludo,

Antonio

nafsak dijo...

Pues mira que yo creo que no se lleva nada de esto a cabo. Ni siquiera se tuvieron por ciertas las palabras de Marañón (Raíz y decoro de España). Quizá por bailar entre más aguas que las dos tierras que separan la canción.

Me encantan los viejos que siguen siendo ellos. La edad no pasa si hay ternura. Lo demás es matar el deseo de vivir. Que no nos cuenten milongas.