domingo, 17 de junio de 2012

Mensaje del silencio


En el silencio solo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba. El silencio. La armonía de las esferas. La música callada. El silencio también es el mensaje. No es impenetrable el silencio, como lo era el rostro de Marlon Brando. No es posible "no comunicar". La incomunicación no existe. El silencio es un signo, un conjunto de signos e incluso un sistema. Aún cuando no decimos nada, estamos comunicando. El silencio siempre significa algo. Pero, la actitud frente al silencio no es la misma en todas las culturas. En la ruidosa cultura española el silencio parece cosa de locos o de raros.
Parece que nosotros tendemos a creer que es preciso decir algo, aunque no se tenga nada para decir. Hablar es siempre mejor que quedarse callado. Simepre recordaré la anécdota de Rulfo y Sábato. De admiraban. Deseaban conocerse. Coincidieron en un viaje en autobús. Se sentaron el uno junto al otro y realizaron el viaje en silencio. No se diejron nada. En Japón las personas opinan que -como el silencio tiene un significado- hay que respetarlo y no exigir de él un mensaje inmediato. Estoy con los japoneses. Hay ocasiones en las que es mejor el silencio que las palabras. Si esto lo llevamos a la vida pública... ¡Hay que ver la de tonterías y sandeces y mentiras que se dicen en la vida pública! ¡Cuánto mejor el silencio!
Pensamos en general que algo (un mensaje) siempre es mejor que nada (un silencio). Hablar, hablar, hablar a veces tiene menos mensaje que el silencio. Esperar en silencio, no forma parte de nuestras comunicaciones frecuentes. Para un japonés, en cambio, esa "nada" puede convertirse en "algo"... si se espera ¡pacientemente! Esta sutileza determina una actitud completamente diferente hacia la comunicación. Cuando no tiene nada para decir, un oriental no habla sino que espera. Se queda callado, porque confía en que aquello que aún no percibe se manifestará más tarde. Cree que -si tiene paciencia- el mensaje que aún no escucha, aparecerá.
Esta visión diferente de la comunicación surge de una diferencia cultural más profunda: para un occidental, el mundo es controlable en tanto se perciba (en este caso, un mensaje que se escuche). Esta actitud nos lleva a ser más intolerantes frente el silencio y a creer que nuestras palabras nos permiten influir en los demás. Por su lado, un japonés piensa que gran parte de la realidad no puede ser controlada, se perciba o no. Para su cultura, hablar no garantiza el control de una situación. Esta creencia, hace que se valore mucho más el silencio.
La ansiedad por un mensaje no respeta los tiempos y silencios de nuestro interlocutor. Nuestro estilo de comunicación puede resultar demasiado exigente para un japonés... y para muchos de nosotros también. Permanecer en silencio -o hablar de cosas no relevantes- puede parecernos una pérdida de tiempo, pero permite identificar las reacciones emocionales de nuestro interlocutor, evitarlas y descubrir su verdad, su verdadero mensaje. Es decir, a través de una concesión en el diálogo, se obtiene un mensaje mucho más real e importante.   No debemos forzar ni un mensaje nuestro ni exigirlo a los demás. Pienso que es importante la actitud "a la japonesa" para comunicarnos mejor y con más verdad y autenticidad.
Paciencia y respeto. Paciencia y respeto ante el diálogo. Pero muy especialmente, tengamos paciencia y respeto hacia el silencio. Cuanto más tiempo concedamos a la otra persona, más profundo y valioso resultará su mensaje. Tener paciencia ante el silencio es una poderosa enseñanza que nos da la cultura japonesa. Esto nos puede servir de gran ayuda en esta sociedad de la palabrería hueca en la que nos estamos moviendo y la cultura o la ética del silencio bien la podemos aplicar en todas nuestras comunicaciones, con especial atención a las personales.

2 comentarios:

Jesús Velázquez dijo...

Quiero callar y no puedo . Sayonara amigo.

Jesús Velázquez dijo...
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