domingo, 16 de diciembre de 2012

La izquierda y los dos caballos


El poder lo dan las urnas. Si en un año ya se ha incumplido todo el programa que se votó hay que esperar sufriendo otros tres años de impaciencia y alimentando el corazón con mala hierba. Cuando todo se incumple y  el votante se siente estafado, la democracia real cuyas acciones debieran emanar del poder del pueblo debiera arbitrar algún mecanismo para llevar a los gobernantes incumplidores, si no a la guillotina, como antaño, sí a su casa. Un plebiscito, un referéndum, algo que de participación real al pueblo. Mientras tanto, queda esperar y ver si la izquierda real, que viene a ser el sesenta por ciento del censo, logra enhebrar la aguja con una sola hebra para dar la puntada y la puntilla con el voto a estos que están dejando a España como un rastrojo a los españoles tan mísero que no les cabe una paja en el culo.
Creo que la izquierda tiene arreglo. Lo voy a explicar con un exiemplo antiguo, pues todo el saber necesario para hoy ya nos lo enseñó el Arcipreste de Hita, Don Juan Manuel o Fernando de Rojas. Así que, izquierdistas de España, atentos al cuento.
Dos caballeros que estaban en Túnez con el infante don Enrique (pariente de Alfonso X que se había ido a Túnez no de turismo sino huyendo de la familia) eran muy amigos y vivían juntos. Estos dos caballeros no tenían sino un caballo cada uno, y mientras ellos se estimaban y respetaban, sus caballos se tenían un odio feroz (vamos como los diferentes partidos de izquierda en nuestra España). Como los caballeros no eran tan ricos que pudieran pagar estancias distintas, y por la malquerencia de sus caballos no podían compartirlas, llevaban una vida muy enojosa (como la llevan aquí los entes que se reclaman de izquierdas). Cuando pasó cierto tiempo y vieron que no había solución, se lo contaron al infante don Enrique y le pidieron como favor que echara aquellos caballos a un león que tenía el rey de Túnez.
Don Enrique habló con el rey, que les pagó muy bien los caballos y los mandó meter en el patio donde estaba el león. Al verse los caballos juntos en aquel lugar, antes de que el león saliese de su jaula empezaron a pelear con mucha ira (con el mismo desprecio que se tienen los partidos de izquierdas en este valle de lágrimas). Estando en lo más violento de su pelea, abrieron la jaula del león (que vamos a pensar que simboliza el poder que alcanza la derecha unida) y, cuando los caballos lo vieron suelto por el patio, se echaron a temblar y se fueron acercando el uno al otro (acercamiento que vemos en Andalucía y que echamos de menos en Extremadura). Cuando estuvieron juntos, se quedaron así un rato y luego se lanzaron los dos contra el león, al que atacaron con cascos y dientes de modo tan violento que hubo de buscar refugio en su jaula (eso es lo que debieran hacer los partidos de izquierdas: un frente único o frente popular). Los dos caballos quedaron sin daño, porque el león no pudo herirlos ni siquiera levemente y, después de esto, los dos caballos se hicieron tan amigos que comían en el mismo pesebre y dormían juntos en la misma cuadra, aunque era muy pequeña (veis qué fácil es hacerse “amigos” por un interés común). Esta amistad nació entre ellos por el miedo que les produjo la presencia del león (la fiera derecha unida que es brazo armado por el voto del poder del dinero).
Pues ahí tenéis el exiemplo, izquierda de España. Del mismo modo que los caballos se fueron acercando poco a poco hasta perder el recelo mutuo y estuvieron bien seguros el uno del otro, así vos, izquierdistas, debéis confiar poco a poco en vuestros mismos aunque fueseis antiguos enemigos. Y si siempre encontráis en los unos en los otros buenas obras y fidelidad, de modo que estéis seguros de que nunca os volveréis a hacer daño, entonces haréis bien y os será muy útil ayudaros para que no os destruya ni conquiste aquel otro enemigo mayor (el león de la derecha); pues en muchas ocasiones debemos soportar, perdonar y auxiliar a nuestros parientes y vecinos (el pueblo de izquierdas) para que nos defiendan contra los extraños (la derecha que no sabemos qué directrices tiene para desmantelar España). Pero si no podéis confiar del todo unos izquierdistas en otros (porque hay mala fe o actitudes “raras”, como en Extremadura), no sería muy sensato ayudar a quien después, cuanto tenga la ocasión se va a tirar a ti como gato a bofe.
Así que, ¡izquierdistas de toda España, uníos! Sacad un buen ejemplo de los caballos y tened presente que estando vuestras tierras protegidas de daño, evitad las argucias que urden los extraños.