martes, 22 de abril de 2008

AMOR CON RAÍCES EN EL TIEMPO

Mis ojos, aunque los tenga cerrados, no se paran a mirar sino donde estás tú. No lo entiendas como amor en exceso. Solo es amor. Acaso atesores las propiedades que los sabios dicen que adornan al imán. Y tú eres la luz que atrae. Yo solo sé que mis ojos van adonde tú vas; no van, los llevo. Se mueven conforme tú te mueves. Son como un epíteto, siempre con tu nombre, como un atributo, siempre contigo, sujeto de mi oración copulativa. Un tizón ardiendo, que no quema, me saca el alma por los ojos para ver reír el jardín mientras las nubes lloran. El amor crece con tiempo, no nace en una hora, no es chispa ni relámpago, sino leve palabra y lenta caricia que propagan despacio la llama y la fuerza compenetrante se afianza con el pasar de las noches y los días, de los silencios, como la planta que echa sus raíces en una tierra dura y pedregosa que vive y se sustenta con lo mínimo.
Así es mi amor: la prolongación de tu mano o tu mirada.

2 comentarios:

Marquito dijo...

Es un verdadero placer poder gozar de tu poesía sin las ataduras del idioma, Antonio.
Recuerdo con cariño ese verano de hace 6 años, cuando me regalaste ...de mañana iremos a las flores... , y lo que me costó acabar la primera hoja, y la segunda, y la tercera... y el interés que despertó en mi por esa maravillosa lengua que es la española.
Un saludo y un abrazo desde la tierra de las naranjas, a la espera de volver a disfrutar con tu poesía.
Marco

Rosa Maria dijo...

¡Que bonito!
Tus palabras brillan como el sol que nos despierta cada mañana...