domingo, 28 de octubre de 2012

"Calígula", teatro y ética absurda de actualidad


Cosmoarte, con Joaquín Vida en la dirección y un excelente elenco de actores, ha estrenado en el teatro de Rojas de Toledo el complejo texto de Albert Camus, Calígula, un obra viva, escrita en 1938 y estrenada en París en 1945, que mantiene la frescura de las ideas y la esencia y las circunstancias precisas para servir de provocación en un contexto social de crisis como el que ahora vivimos.

En Calígula están las claves de la poética de la filosofía existencialista de Camus, que plantea el sinsentido de la vida ante la inminencia de la muerte, lo que provoca el miedo, la angustia, la imposibilidad de ser feliz y la necesidad de rebelarse en un intento de encontrar precisamente salida a esa existencia agobiante. La circunstancia la resuelve el autor con el personaje símbolo de Calígula, que reduce la libertad a un único individuo, el que posee el poder, y a los súbditos los convierte en títeres en sus manos, y que expresa su objeto de deseo como la búsqueda de lo imposible (su primera síntesis escénica es formulada en la expresión: “Quiero la luna”). El contexto hace referencia a la situación social de una Roma en crisis, donde el control del tesoro público está muy por encima del valor las personas. Y aquí está el nudo que ata el Calígula de Camus con el presente, pues él no habla tanto del desastre del poder totalitario como de otra tiranía más insufrible, la tiranía económica. De ahí que la depravación y muerte que en la obra se relata tiene que ver con el afán recaudatorio extremo de Calígula que esquilma al pueblo ya sea por fas o por nefas.
Joaquín Vida ha respetado el texto, y su propuesta ofrece, con ese lenguaje bestial y poético que caracteriza los diálogos de Calígula, los consabidos temas universales sobre el sentido de la existencia del hombre, el amor y la fidelidad, la traición, el instinto enfrentado a la razón, la venganza, la hipocresía, la sinrazón del poder cuando se siente absoluto,  la búsqueda de lo verdadero, la carencia afectiva, el exceso del goce material y la nada. Y así mismo nos muestra, a través de una teatralidad atrevida con un sesgo de humor trivializado, la mentira simbólica de las creencias y de los mensajes vacíos de referentes.
La trama trata del joven Calígula, un emperador relativamente aceptable hasta la muerte de su hermana y amante Drusila, que ha experimentado, a partir de ésta, un cambio de cosmovisión. De pronto advierte que el mundo no es satisfactorio, que los dioses no existen, que no hay plan, ni justicia, ni valores más allá de la pura construcción de los hombres. Desde entonces, obsesionado con lo imposible y envenenado por el desprecio y el horror, trata, a través del asesinato y la perversión sistemática de todos los valores, de ejercer la libertad.
Así, en la peripecia podemos apreciar perfectamente, bien resaltado por Joaquín Vida y la propia expresión de los actores, los verdaderos ejes del teatro de Camus: el sentimiento de lo absurdo, la desesperación y el “sabor a sangre en la boca” que provoca en su inmediatez la muerte de Drusila; el razonamiento absurdo: durante tres días Calígula se ausenta del palacio y de los hombres para reelaborar en su interior la experiencia de la muerte y reflexionar; y, como conclusión, una ética absurda, pensamiento transformado en praxis, que irradiará en adelante en todas sus acciones de horror y perversión.
Lucidez, rebeldía, conciencia del límite y necesidad de vivir sin apelación, libertad de acción son conceptos que casan con este personaje dios-hombre “sujeto que lucha por su verdad”, a la manera del héroe idealista creado por Ibsen en Un enemigo del pueblo.  Pero lo cierto es que este sujeto hacedor e ideólogo se equivoca, y podemos hablar perfectamente de Calígula como héroe y antihéroe absurdo.
Teatro para reflexionar, para provocar y para enseñar deleitando, este excelente Calígula de Joaquín Vida y Cosmoarte que se ha estrenado en el Rojas de Toledo, con una escenografía funcional, unos figurines de época con la intromisión de algunos contrastes humorísticos kitsch y una, a mi modo de ver, inapropiada aparición de Calígula en calzoncillos.
La actuación de Javier Collado Goyanes (Calígula), que ha ido creciendo según avanzaba la función y siempre que expresaba las pasiones humanas más que las divinas, Alejandra Torray (Cesonia), Fernando Conde (Helicón), una presencia que ha dado vida a la escena por gesto y por contraste, Héctor Melgares (Escipión), José Hervás (Quereas) con su voz y su entonación tan perfecta para orientar la modalidad de cada mensaje, Antonio Gálvez (Lépido), César Sánchez (Senecto/Casio), Ángel García Suárez (Metelo), Xabier Olza (Mucio) y Aurora Latorre (esclava), con la visión que siempre pone Vida, ha proporcionado al público toledano más de dos horas de goce teatral.
Esta nueva propuesta escénica del ya clásico Calígula es un espectáculo muy digno y una apuesta comprometida y seria en el contexto difícil en el que se mueve el mundo del teatro en la actualidad.
           El Teatro de Rojas de Toledo ha vuelto a poner de manifiesto su responsabilidad con la cultura y su tino para programar calidad a buen precio.

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