viernes, 29 de junio de 2007

Educación para la ciudadanía y "el mal"

Puedo estar de acuerdo con algo o no estarlo hasta donde la razón me asista. Lo que me parece muy fuerte, por irracional y dogmático, es la afirmación anatemática que ha formulado el señor Cañizares, arzobispo de Toledo, de que quien sostenga opinión favorable sobre la muy terrenal asignatura de Educación para la ciudadanía está inmerso en el colaboracionismo con “el mal”, ni más ni menos. Así que educar ciudadanos en el contexto de su tiempo y crear una sociedad en la que el respeto impere es tener relación con el maligno. ¡Apañados vamos con estos pastores que confunden ciudadanos con fieles!
Creo que vivimos en un estado aconfesional en el que ninguna Iglesia debería tener derecho a manipular o chantajear a un Gobierno según le convenga. Es más, soy, por racionalista y respetuoso con todas las creencias, un poco afrancesado, y considero que no se debiera mostrar trato de favor con ninguna institución cuya labor no esté relacionada con la existencia en la tierra de los humanos.

El campo conceptual de las iglesias es el de la trascendencia y eso no es ni regulable ni subvencionable, y, desde luego, lo que me parece extravagante es una iglesia metida en política, aunque en España la tradición de acompañar dictadores bajo palio parece que ha echado raíces en algunos corazones.

Cualquier iglesia está por encima del Estado en lo que se refiere a sus dogmas, eso no es discutible, pero ahí no entra el Estado; sin embargo éstas como instituciones sociales y con bienes terrenales nunca se deben imponer sobre la sociedad y menos exacerbando sentimientos irracionales y sacando a pasear al diablo. Nada tiene que ver “educar ciudadanos” –obligación del conjunto de la sociedad- con educar en una determinada religión a personas específicas que viven en esa creencia –responsabilidad de la institución religiosa-.
Las personas que militamos en la razón, si queremos distinguirnos de los fanáticos, no podemos comportarnos como ellos. Si queremos distinguirnos de los intolerantes, no podemos ser intolerantes con ellos. No creo que para ser buena persona haya que llevar al diablo sobre la chepa.
En esto de la Educación para la ciudadanía creo que hay que actuar desde la razón, sin que sea la pasión la que nos ciegue. Lo que echo en falta es que las instancias del Estado, en todos sus ámbitos: el central y el autonómico, no expliquen convenientemente esta asignatura y dejen el mensaje en la parte más intolerante y dogmática. Solo así se entiende que los demagogos, subidos en el pedestal, anden frotándose las manos.

viernes, 15 de junio de 2007

¡AY! DE LOS MENTIROSOS


La maledicencia en política –y en otros aspectos de la vida- sólo se contrarresta con la verdad o, siendo malo, con una maledicencia superior. En época de cambios suelen crecer como setas quienes llevan a su vida pragmática la teoría de que es más fácil destruir que crear. La fauna de mentirosos y de vendeburras se postula por las esquinas de los incautos y los ingenuos. De estos que, para vender algo, necesitan echar mano del hablar mal de personas nunca presentes, lo único que se puede decir es que o tienen mal producto que vender, o no creen en él o sólo buscan su medro, importándoles un bledo el bien común de los ciudadanos. Quienes mandan, si tienen el día estresado y andan distraídos, a veces se tragan estos envoltorios de celofán muy bien adobados por los profesionales de la embaucación. Si embargo no hay que pensar mal del poder y de la mucha gente de criterio que lo ostenta, pues en los más de los casos tienen –o deben tener- el ojo abierto ante estos “ángeles” portadores de la “mala nueva” sobre terceros y no se dejan vender la manta. No obstante, como en el fútbol, no estaría de más que se sacase tarjeta amarilla o roja a quienes no vegetan a luz de ninguna ética ni personal ni social. Si viviéramos en el siglo XIX, estas cosas las combatiríamos con un buen libelo o con unas octavillas volanderas en las que airear nombres y pecados. Quizá algún día a mi amigo el de la ventana y a mi se nos hincha la cachimba y reinventamos el género. Nos íbamos a divertir, ¿te acuerdas, Jesús, del “libelo de las flores”? Si queremos de verdad una sociedad libre, tenemos que crear una sociedad veraz y creer en ella. Quizá por esto habría que exponer en la plaza pública las mentiras y a los mentirosos hasta que se sequen como cecinas. Hago extensivas las conclusiones de estos argumentos también a quienes han puesto el ventilador de la ponzoña a propósito de la asignatura que debiera ser más troncal de todas las que componen la ley de educación, la “Educación par la ciudadanía”, ¡vaya tropa! ¿¡Qué querrán, que nos volvamos trogloditas a los que infundir temor con los mitos de la creencia!?

viernes, 8 de junio de 2007

FESTIVAL DE MÚSICA ANTIGUA DE TOLEDO

Toledo es una ciudad con marca que tiene el marco más adecuado para convertirse en una referencia mundial de la música antigua. Tiene también un tesoro escondido de estas músicas en el archivo de la catedral, que espera su catalogación definitiva, pues hay en él tanto patrimonio o más que sacar a la luz que el que duerme bajo las hierbas y la tierra de la Vega Baja.
En el mundo, y en Europa especialmente, existe verdadera pasión por dar a conocer la cultura musical que hunde sus raíces en la historia y que culmina en el barroco. En España, como casi siempre, salvo honrosas excepciones (Barcelona, Sevilla, Aranjuez, Zamora, Sajazarra, Salas de los Infantes o Estella), se va un paso por detrás.
En Toledo, el Corpus de Música Antigua sobrevive gracias a la férrea voluntad del musicólogo Carlos Martínez Gil y con la permanente incertidumbre de si será posible poder levantarlo un año tras otro, porque aquí a algunos les importa más el “figureo” que el facilitar las gestiones y la financiación con el tiempo que requiere una planificación razonable. Hay incluso instituciones bisojas, si no ciegas, que parecen no considerar progresista la cultura que no se adoba con parafernalia y espectáculo, ¡el diablo las lleve!, y no toman en consideración esta parcela de la civilización. Algo habrá que hacer para llamar la atención, quizá quemarse a lo bonzo en la plaza de Zocodover. Me presto a ello.
En la reciente edición, durante los días 2, 3 y 4 de junio, han tenido lugar tres conciertos memorables, uno en la iglesia de Santo Tomé y dos en el patio geminado del Hospital Tavera. Excelentes la música y los músicos. En el primero, los motetes de Casellas, de la catedral de Toledo, y la música de las misiones jesuíticas de Moxos y Chiquitos, interpretados por el grupo toledanoMemoria de los Sentidos”, sólo recibió alabanzas del público y del prestigioso crítico Andrés Ruiz Tarazona. En el segundo, Los Músicos de su Alteza nos hicieron gozar casi hasta el éxtasis con las óperas de Monteverdi. En el tercero y último, La Grande Chapelle/Schola Antiqua nos dejó con hambre de más música tras su canto de “Vísperas de Confesores” de José de Nebra.
Sin apenas publicidad, a los conciertos ha asistido una media de cuatrocientas personas, ¡todo un éxito! Que tome nota quien tenga que hacerlo para el futuro.

viernes, 1 de junio de 2007

CULTURA PROGRESISTA Y CREATIVIDAD

Hace algún tiempo, no mucho, hablaba con un amigo, político, por cierto, en ejercicio, sobre las características que debería tener la persona que andaban buscando en su ciudad –no Toledo, ¡líbreme Dios del diablo!- para liderar los programas de cultura. Quienes sigan esta columna saben lo que pienso a estos efectos: que la cultura es innovación y creatividad, que hay que ir un paso por delante, que no es quietismo ni pasado, QUE HAY QUE TENER ATREVIMIENTO, etc… En cambio mi nada progresista amigo me decía que no quería para el puesto un hombre de ideas, un "creativo". Lo que buscaba era –según sus palabras- alguien “sólido y más tradicional”, lo que en román paladino significa: "alguien que no "cruce la línea”, alguien con sentido “del común”, alguien "que no invenvente la rueda", que deje las cosas a su aire, que más vale que no haga ruido. ¡Lagarto, lagarto! No nos pusimos de acuerdo, pero comimos opíparamente en un restaurante que me alabó por lo moderno en la decostrucción de los platos. Asombroso, pensaba yo, qué diferencia entre las ideas sobre la cultura y sobre la comida. Mi amigo consumía creatividad pero, en cambio, no estaba porque ésta se fomentase en las ideas culturales que buscaba para su ciudad. No quería despertar el rebaño, sino que éste se amodorrase más, pues no hay nada más propicio para el poder que pastorear ovejas modorras. Asombroso de nuevo. No importa que no se avance, cuantos menos puntos de referencia cambies, menos se van a meter contigo. Perfecto, le dije. Si por ti fuera no se hubiera inventado la rueda, porque nadie necesitaba ruedas antes de que éstas fueran inventadas.
La cultura debe servir no para aborregar, sino para desarrollar el sentido crítico de las personas, y sólo hay avance si hay innovación, cambio de referencias y sentido crítico.
Uno de los mayores escollos contra la creatividad es el conformismo. Una sociedad conformista quizá es feliz en su quietud, pero sería terrible que un dirigente que busca el avance estableciese sus parámetros de pensamiento en el conformismo. Al menos seis recursos personales debiera tener, en mi opinión, esa persona que nunca contrataría mi amigo, para combatir la conformidad: Inteligencia, conocimiento, estilo de pensamiento (cómo usar la inteligencia y el conocimiento), personalidad (fundamental para defender nuevas ideas en un entorno refractario), motivación y contexto. A lo dicho habría que añadir la influencia de la perseverancia, la voluntad, la tolerancia, la apertura y el coraje en la búsqueda de creatividad en una cultura conformista (como la nuestra). ¡Ah! y la creatividad ni es de izquierdas ni de derechas. Por ejemplo: Gallardón favorece la creatividad, Jacques Lang también.

jueves, 24 de mayo de 2007

LA CARPINTERÍA TOLEDANA

Quiero relatar un cuento fantástico con el que me sirvo de metáfora para decir lo que pienso de cómo debe funcionar un alcalde y sus concejales en las nuevas corporaciones que se constituyan. El relato dice lo siguiente:
“Cuentan que en una carpintería toledana hubo una extraña asamblea... Fue una reunión de herramientas, que eran conscientes de sus diferencias, pero sin haber hablado nunca de ellas, y pretendían arreglarlas.
El martillo pretendió en principio ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar, ya que se pasaba todo el tiempo haciendo ruidos.
El martillo aceptó “su” la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera.
El tornillo aceptó a regañadientes el ataque, pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás.
La lija, aunque no tenía mal concepto de sí misma, estuvo de acuerdo en lo de las fricciones, pero exigió que fuera expulsado el metro, que se pasaba el tiempo midiendo (evaluando los quehaceres) a sus compañeros, como si él fuera perfecto.
En estas andaban, cuando entró el carpintero y se puso a trabajar. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. En poco tiempo logró que la tosca de madera se convirtiera en un hermoso mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Al conjunto de herramientas que habían hablado se incorporó el serrucho, al que todas consideraban el más agresivo. Y fue entonces cuando el serrucho dijo:
- Compañeras y compañeros de faena, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero, que es sabio, ha trabajado con nuestras mejores cualidades. Y eso nos hace valiosos. Así que vamos a dejar de mirarnos el ombligo, vamos a dejar de ver la paja en el ojo ajeno y no pensemos en nuestras fallas…, concentrémosnos mejor en la utilidad de nuestros méritos.
La asamblea, despojada de egoísmos y de egocentrismos, pudo ver entonces que el martillo es fuerte, el tornillo une, la lija pule asperezas y el metro es preciso. Las herramientas se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad. Esta nueva mirada de las herramientas sobre sí mismas las hizo sentirse orgullosas de sus fortalezas y las capacitó para trabajar juntas. No fue necesario echar a nadie”.

Algo así, como en el cuento, es lo que yo quiero para el equipo que lleve mi ciudad hacia el progreso.

martes, 8 de mayo de 2007

TOLEDO. CULTURA Y PROGRESO

La UNESCO, en la “Declaración de México” de1982, declaró que …la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

Por eso, es necesario que todas las políticas, y especialmente aquellas que más en contacto están con los ciudadanos, tengan claro que la cultura es un índice de progreso y de desarrollo y nunca se debe dejar al albur de la ocurrencia circunstancial, de la pasividad absoluta o de la permanente quietud de quien sólo es capaz de mirar hacia atrás para contemplar lo mucho que se progresó en los siglos pasados.

Toledo, desde una perspectiva de concepto cultural institucional, frente a muchas ciudades de su entorno, quizá ha adolecido de este mal, el de mirar tanto su propia excelencia que ha olvidado el dinamismo de la innovación y del avance. Ha faltado reflexión, aunque no sea más que para tener conciencia de lo que afirmaba la UNESCO en 1982 sobre la “búsqueda incansable de nuevas significaciones y la creación de obras que trasciendan”. Si esto ha ocurrido así no es por mala intención, sino por la torpeza y la falta de concepto de quienes debieran ir un paso por delante.

No concibo, como Althusser, que el ámbito de la ideología sea el principal componente de la cultura, ni que ésta sea un reflejo de los intereses de la élite, ni que sea a través de los aparatos ideológicos institucionales como se reproduce en el tiempo. No, la cultura la pienso como el máximo exponente del dinamismo social, al que la institución (pública o privada, ideológica o no) tiene que ayudar a hacer camino, pues, parafraseando a Machado, sólo “se hace camino al andar” y sólo es posible avanzar si rompemos el estado de quietud.

En este sentido, un ayuntamiento que se precie de buscar lo más adecuado para sus ciudadanos debe tener un concepto cultural progresista y no “quietista”, y considerar el valor de la cultura como componente estratégico para el logro de un desarrollo integral en el que las diferencias culturales dejan de ser consideradas como obstáculos para ser apreciadas como oportunidades.

jueves, 3 de mayo de 2007

TOLEDO SIGLO XXI


Toledo es una ciudad antigua que no debe renunciar a ser moderna. Conservar vivo el pasado no es estar encadenado a él. Una ciudad conscientes de sus valores, de su historia, de su posición en el mundo y de su progreso debe apostar por la innovación y apertura; debe vivir un compromiso con lo local y con lo global y mantener el equilibrio entre un escenario antiguo y uno moderno, con la conservación y con el desarrollo.

Las personas que viven Toledo, ya sean quienes la habitan o quienes la visitan, deben tener garantizado el “derecho a la ciudad”: un marco de bienestar saludable, el disfrute de un paisaje urbano de calidad, capaz de generar experiencias enriquecedoras y no la situación estrecha y oscura donde sólo habita el olvido o la nostalgia del pasado.

Es preciso la revisión de los espacios públicos para dotarlos de un paisaje escultórico-cultural que ponga de manifiesto valores ciudadanos, como han hecho otras ciudades: León, Oviedo, Palencia, Cáceres, Granada, Santander, Y no digamos Valencia, Madrid o Barcelona. (Por ejemplo, si en Zocodover hubiera una escultura de una persona leyendo un libro, estaríamos haciendo un homenaje a la lectura y creando la posibilidad de que muchas gentes que nos visitan se hicieran la foto con una persona con un libro abierto, lo mismo que se hacen la foto con el Cervantes orgulloso del Arco de la Sangre).
Una ciudad educa desde la cultura que se ve a diario y la que se ofrece en sus museos y sus instituciones. ¿Donde está la modernidad en Toledo? Valdepeñas, que es una excelente localidad manchega, tiene más propuestas de arte moderno públicas y permanentes que esta ciudad con dos mil años de historia, pero que parece omitir la creatividad de los siglos XX y XXI.
Toledo necesita el milagro democrático y laico de un liderazgo cultural y ciudadano que abandone los bandazos bondadosos de las ocurrencias. Necesita sistema y sostenibilidad cultural con planes que impliquen activamente a las personas durante largo tiempo.
Hay que valorar a El Greco y su arte, a Garcilaso y su literatura, pero también todas aquellas manifestaciones culturales estructurales y circunstanciales que hacen una ciudad –y a sus ciudadanos- hija de su tiempo, producto de su desarrollo y comprometida con su futuro.

jueves, 26 de abril de 2007

EL 13


El 13 me cae bien. También le parecía estupendo a Julio César, que solía afirmar que el 13 era su número de la suerte ya que gracias a la Legión Decimotercera alcanzó el poder y la gloria; claro que, para los romanos, este número era armónico y lo tenían en gran estima. En las culturas orientales, el 13 era un número divino.
Es la cultura judeo-cristiana la que comienza a no ver bien el 13. ¡Qué le vamos a hacer! Para la Cábala son 13 los espíritus malignos; en el Apocalipsis se hace referencia, en su capítulo 13, al anticristo y a la bestia; en la última cena, Judas fue el decimotercero en ocupar la mesa. Pero no siempre es negativo, pues, según el Antiguo Testamento, Dios tiene 13 propiedades; también con 12 monjes más un abad se puede fundar un convento. Y antiguamente había la costumbre, entre los panaderos, de regalar un pan a quien comprara 12 bollos.
Yo me quedo con la parte positiva. El 13 da cobijo a personas protectoras, pacientes, sensibles, emotivas, preocupadas por los demás, sociables, intuitivas, flexibles, pacíficas y cooperativas, y, como elemento de tierra, habla bien de personas que son trabajadoras, que gestionan bien y que gustan de entretenerse con “lo que no se ve”, es decir, con el mundo del espíritu y de las emociones.
Si sintetizo en una enumeración de conceptos lo que esconde el número 13, cuya reducción es el número 4 (1+3), tendría que hablar de estabilidad, estructura, límites, trabajo, raíces, encarnación, disciplina, responsabilidad, prudencia, lealtad, seguridad, tiempo, facilidad para concretar, pensamiento estructurado, la lógica y la razón, la deducción y la clasificación.
La abundancia es la transformación de la creación por medio del trabajo, y eso es precisamente lo que representa el (1+3), la persona estable, sencilla, tranquila, perfeccionista, ordenada, seria, disciplinada, responsable y meticulosa, cuyo único riesgo es el de vivir únicamente en función del trabajo. El 13 ama las leyes, las normas y su verbo favorito es “trabajar”.
Platón decía que el tres es la idea y el cuatro (reducción del 13) la realización de la idea.

Espero que este número mágico, el 13, que encierra la ancestral sabiduría y la tolerancia y el respeto que proporciona la cultura ayude a que Toledo pase de una vez de la política del “hay que” a la de los hechos que se vean y que sirvan para mejorar, de verdad, la calidad de la vida de las personas que viven, trabajan o visitan la ciudad.

lunes, 16 de abril de 2007

EL LÍDER ESTÉTICO

Es tiempo de elecciones. Debiera ser tiempo de líderes. Analizo las publicidades, un puro retoque. Con la Cospedal han logrado que, más que a ella misma, se parezca a Letizia. Me gustaría encontrar el candidato perfecto, para darle el voto con conciencia, con razón y con emoción. El candidato idóneo tendría que tener valores propios de tres universos: el “técnico”, el “ético” y el “estético”.
Los líderes del “universo técnico” se adhieren totalmente a la lógica económico-financiera, son puro tecnócratas y persiguen la eficacia y la eficiencia de lo material. Son el “homo económicus”, también conocido como tecnócrata, neoliberal o “neocon”. Esto es poco para que yo les vote.
Los líderes que beben en el “universo ético” son personas que también trabajan de forma racional e instrumental (aplican la lógica al logro de sus metas); pero la diferencia entre el “ético” y el “técnico” estriba en el hecho de que el “ético” no se fija metas estrictamente económicas. El “homo éticus” está moralmente "iluminado" y sacrifica algunas aspiraciones materiales por principios éticos; es decir, actúa sobre la base de valores universales: la justicia o la equidad. Este tipo de líder que persigue metas quizá etéreas y difusas sí es capaz de orientar mi voto, pues mantengo un punto de utopía y de conciencia crítica.
En el “universo estético” las acciones y decisiones de los líderes no están gobernadas por las nociones de lógica-científica o racionalidad-instrumental. Y, aunque reconocen la necesidad de obtener ganancias económicas y respetan las convenciones del universo ético, no ven estas reglas como sus principales objetivos. Esta época postmoderna en la que vivimos es esencialmente caótica e impredecible y no son suficientes las leyes de la razón para comprenderla. Este contexto postmoderno, dicho en corto y por derecho, se corresponde con el “universo estético”.
Los líderes postmodernos deben lograr equilibrio y armonía en sus entornos, sin renunciar a la eficacia y la eficiencia de la gestión económica y sin dejarse ir sólo tras la utopía de los valores universales. El postmodernismo es una era de duda y cuestionamiento de todo. Por esto, me gustaría votar a un líder que se autocuestione y que trabaje sobre los parámetros del universo estético. Tengo confianza en encontrar un líder de estos. Sé que existe y él será quien reciba mi voto secreto.

lunes, 2 de abril de 2007

RECETAS DE SEMANA SANTA DE LOS NAVALUCILLOS

POTAJE A MI MANERA, EL DE LOS NAVALUCILLOS
(EL MEJOR POTAJE DEL MUNDO)

Necesitaremos los siguientes ingredientes:
Un puñado de garbanzos por comensal. Un puñadito de judías blancas. Unos trozos de bacalao desalado. Una cabeza de ajos. Dos hojas de laurel. Un manojillo de acelgas o espinacas. Para el guiso del potaje será preciso: Una cebolla. Perejil. Una cucharada de harina. Pimentón. Un ajo asado. Unas bolas de pimienta negra y otras de cilantro. Una rebanada de pan frito empapado en vinagre.
La manera de hacer este potaje es la siguiente:
1. Echamos los garbanzos en agua el día anterior.
2. En una olla ponemos los garbanzos escurridos, el bacalao desalado, el laurel, las judías y la cabeza de ajos entera. Dejamos cocer a fuego lento.
3. Aparte cocemos las acelgas o espinacas.
4. Cuando están cocidos los garbanzos, añadimos las acelgas o espinacas cocidas, sin su agua.
5. Preparación del guiso:
6. Hacemos un sofrito con la cebolla; cuando ésta está dorada, añadimos, el pimentón, la harina y el perejil. Una vez que el sofrito está en su punto, vertemos caldo de cocer el potaje y un majado que habremos hecho en el mortero con un ajo tostado al fuego, pimienta negra, cilantro y el picatoste empapado en vinagre. Lo añadimos todo a la olla y damos un buen hervor.
7. Rectificamos de sal si fuera preciso (pues dependiendo de lo desalado que esté el bacalao hará falta o no).

BACALAO REBOZADO
Necesitaremos los siguientes ingredientes:
2 trozos de bacalao por persona (que sean gorditos). Harina y huevo para el rebozo. Ajo, pimentón, harina, laurel y perejil para el caldo/salsa. Aceite para freír.
Manos a la obra:
La manera de hacer este exquisito bacalao debe seguir estos pasos:
1. Se desalan los trozos de bacalao durante, al menos, doce horas, (cambiando el agua de vez en cuando, tres veces).
2. Se rebozan los trozos de bacalao con harina y huevo, se fríen en abundante aceite y se apartan a una cacerola.
3. En parte del mismo aceite de la fritura se dora un ajo, se pone una cucharada de pimentón y otra de harina, se tuesta bien, y se añade caldo (agua y parte del agua de la última desalación del bacalao, ¡pero cuidado con la sal! en cantidad suficiente para que cubra luego las tajadas de bacalao en la cacerola) y dejamos que este caldo cueza un poco en la sartén con el laurel y el perejil.
4. Cuando ha hervido un rato el caldo, lo añadimos al bacalao rebozado y frito y dejamos que hierva todo otro ratillo a fuego lento. (No le he puesto sal, porque mi abuela utilizaba en el caldo una parte del agua de desalar el bacalao ¡pero sólo un parte! a ojo o catándolo para saborear el punto).
5. Se puede añadir al guiso unas patatas fritas.

OREJAS DE FRAILE

La gastronomía tradicional tiene su gracia, no sólo en el paladar sino también en los nombres con los que se bautiza a ciertos bocados. Uno de estos muy apetitosos, propios de la Semana Santa, es la “fruta” de sartén que recibe el nombre de “orejas de fraile”.
Una de las maneras más corrientes de obrar con esta excelencia es la que describo a continuación. Preparamos media docena de huevos, cuarto de kilo de harina, cuarto de kilo de azúcar, una pizca de levadura y aceite de oliva para freír. La elaboración es muy sencilla: hacemos una pasta fina mezclando bien los huevos, la harina y la levadura (en algunos lugares se aclara la masa con un poquito de agua). Se pone el aceite en una sartén y se tuesta bien a fuego fuerte. Se toma una cuchara, se introduce y se calienta, luego se coge en ella un poco de masa y se vuelve a introducir en la sartén; la masa se desprenderá sola. Se deja freír, se sacan, se bañan en azúcar y se colocan en una fuente. (Este dulce puede presentar variantes si se aromatiza la masa con ralladura de limón o con un chorrito de anís).

HUEVOS EN LECHE

De los guisos dulces es éste el que me es más grato al paladar. No sé si será el recuerdo de aquel tiempo duro y maravilloso o porque era el único que sólo se hacía en Semana Santa, o porque me sigue evocando la emoción de los seres que los guisaban. Para hacer huevos en leche necesitaremos: (las cantidades las puede variar cada guisandero) dos litros y medio de leche, canela en rama, cáscara de naranja seca, unas hebras de azafrán, azúcar al gusto, para hacer el caldo; para las bolas será preciso pan rallado (lo que haga falta) y cuatro (o más) huevos batidos y aceite para freír.
Este guiso se hace del siguiente modo:
1. Se pone a hervir la leche con la canela, la cáscara de naranja y el azafrán (si nos gusta más amarillo añadimos un poquito de colorante).
2. Cuando ya tiene la leche el sabor de los ingredientes añadimos el azúcar. Mantenemos la olla a fuego lento.
3. Mientras cuece, hacemos una pasta clarita con los huevos batidos y la miga de pan. Freímos en aceite fuerte esta masa, tomando como medida una cuchara pequeña.
4. Según van estando fritas estas bolitas de pan rallado y huevo, las escurrimos con la espumadera y las vamos incorporando al caldo que tenemos al fuego lento.
5. Al final añadimos a este caldo un par de cucharadas del aceite frito de la sartén; este último es el "toque" esencial del guiso. Se deja enfriar y se degusta con ganas, sin temor a pecar, excepto que nos ciegue la gula.

miércoles, 21 de marzo de 2007

TOLEDO: ¡ADIÓS TRISTEZA!

¡Por fin un proyecto público interesante para el Toledo moderno! La ciudad es una suma de tiempos y de espacios. Una cosa es el casco histórico, otra la Vega baja y la alta, y una muy distinta es el residencial del Polígono, cuyo terreno es amplio y público y, por tanto, se puede proyectar una ciudad moderna “a la francesa”, sin que el tufo de la especulación invada el ambiente.
El proyecto presentado, de la mano del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, por el francés Jean Nouvel es una extaordinaria noticia para una ciudad que quiere crecer en armonía y con estilo. Es bueno que en el contexto toledano se produzca un contraste; al fin y al cabo, otro francés, Michel Rifaterre, definía precisamente el “estilo” como “un contraste en un contexto”.
Con esta propuesta para el barrio toledano de Santa María de Benquerencia, la ciudad gana en perspectiva. No es un invento novedoso. Esto se lleva haciendo años en otras partes del mundo, para propiciar el crecimiento de las ciudades, especialmente de las ciudades históricas, como Toledo. Ejemplos hay muchos; quizá el más conocido sea el barrio de La Défense en la “banlieue” de París (ver imagen); no tan conocido, quizá, pero excelente, para compararlo con la ciudad del Tajo, es la ampliación que diseñó el español Ricardo Bofill para Montpellier, el barrio de Antigone. Esto de las expansiones modernas de las ciudades quizá resulta novedoso por aquí, pero no en el mundo “civilizado” (en el sentido de “ciudadanizado”). Antigone, por ejemplo, tiene ya treinta años de existencia.
Que el diseñador del proyecto sea un prestigioso francés parece un toque de irrelevante exotismo propio de españoles; pues existe la mala tradición de tender a valorar más lo que viene de fuera que lo que produce la casa propia. No quiero pecar de “chovinista”, pero en Toledo mismo hay arquitectos y urbanistas que se hubieran atrevido con un proyecto de esta envergadura, pero tienen algo en su contra: son toledanos y españoles y hablan bien el castellano.
Interesantísimo, por lo simbólico y por buscarle tres pies al gato en el inicio de una campaña de elecciones municipales, es que la novedosa propuesta lleve por nombre “Adiós tristeza”. ¿Es un guiño a la realidad?, ¿es la verbalización de un deseo? Sea lo que fuere, es la plasmación de que, al menos en la cabeza de Barreda (un político que es capaz de ahormar sus neuronas con lecturas poéticas) existen argumentos con los modelos razonables de ciudad que tanto hemos venido echando en falta. Ese es el camino.

viernes, 16 de marzo de 2007

¡VIVA EL AMOR!

Es primavera. Nadie promete amor en los programas electorales. Recordemos que el amor existe. Es algo más que un juego y, desde luego, mucho más interesante que las polémicas sobre terrorismo y demás yerbas. A amar se aprende. Sí. El amor es un arte que necesita un aprendizaje. La mayoría supone que no hay nada que aprender sobre el amor por: considerar que el amor consiste en ser amado y no en amar, valorarlo como una mezcla de popularidad y sex-appeal, creer que amar es fácil y lo difícil es encontrar a quien nos ame, suponer que el problema del amor surge de un sentimiento y no de una facultad, y la confusión entre la sensación inicial del "enamorarse" y el permanecer enamorado cuando se pierde el halo de misterio inicial.
Asociamos el amor con una sensación placentera; sin embargo, el amor es un arte que requiere conocimiento y esfuerzo. El amor no sólo es recibir, es más bien dar, cuidar, respetar y conocer, y todo esto implica responsabilidad.
Como cualquier arte, el amor requiere disciplina, concentración, paciencia y ser consciente de que un arte no se aprende de golpe.
Es necesario tener la paciencia necesaria para la quietud y el disfrute verdadero, disciplina como una práctica fruto de nuestra propia voluntad, y concentración, es decir, saber estar sólo con uno mismo, sin hacer nada más que eso, siendo una condición indispensable para la capacidad de amar. Y esta concentración pasa inevitablemente por saber escuchar, que no es lo mismo que oír. Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente. Hay que pensar continuamente en uno mismo y sensibilizarse ante los demás. Es fácil ser sensible ante los procesos corporales o tangibles, pero no lo es tanto para los mentales y emocionales.
Las cualidades para el amor son, en primer lugar, superar el propio narcisismo, adquirir una visión lo más objetiva posible del mundo exterior utilizando la propia razón en una actitud de humildad. Así, el amor requiere humildad, objetividad y razón. La objetividad y la razón representan la mitad del camino hacia el dominio del arte de amar.
Una última condición necesaria para amar es la actividad, ser activo tanto en el pensamiento como en el sentimiento. Sólo el amor hace posible el conocimiento.

A amar se aprende amando: no pierdas el tiempo.

miércoles, 7 de marzo de 2007

IDEAS (GRATIS) PARA PROGRAMAS ELECTORALES


Sería maravilloso si todos viviéramos y trabajáramos en culturas donde imperara la confianza y la capacitación. Es evidente que esto no sucede. La mayoría de las sociedades a menudo están dominadas por normas, reglamentos y burocracia. Los líders no se ocupan de mejorar las condiciones de las personas y los programas son etéreas promesas que nunca se cumplen. Toledo es un buen ejemplo en esta materia.
Sin ánimo de competir, ofrezco desde esta columna algunas ideas para que adornen los programas electorales, aunque, como dicen que decía Tierno Galván –que llegó a inventarse hasta su propia biografía-, dichos programas están para no cumplirse.

Sería una buena promesa la de suprimir los impuestos o, incluso ayudar con subvenciones, a quienes abran pubs, bares y cafeterías, en los que se anuncie que son locales “sin humo y sin ruido”. Estoy seguro de que sería un éxito, porque los amantes de la conversación y de la música no escaseamos, aunque estemos, de verdad, reprimidos, cuando no maltratados, por la dictadura del estruendo y los humazos.
No sería tampoco mala promesa la de convertir los espacios públicos de una ciudad como Toledo en escenarios de la escultura moderna, para que las generaciones no crean que siguen viviendo en la época de las cavernas hortelanas o el medioevo alfonsino. ¡El siglo XX y el XXI, al menos en el arte, también existen.
Una propuesta muy social sería la de repartir entre los ciudadanos de a pie el diezmo de los infinitos viajes que realizan los mandamases a lugares tan importantes para solucionar los problemas de la ciudad, como Roma, Cuba, Japón, Alemania, Creta, Estados Unidos y cincuenta mil sitios más.
Muy agradecida sería la inclusión de un punto en el que se prometiese que se iba a actuar sin hipocresías y que no se mezclarán las creencias con la gestión; así quedarían liberados de ir a misa, a las procesiones, a las mezquitas o a las sinagogas los ediles ateos, para que no tengan que hacer mangas y capirotes con su conciencia.
No escribir ni decir tonterías y prometer que se va a utilizar un correcto castellano en los escritos oficiales y en los discursos, debiera ser un compromiso de coherencia en una ciudad que educa.
Se aceptan sugerencias para programas. Si llegan, las seguiré publicando en la columna por muy disparatadas que sean. Me las pueden mandar a
antonioillan@gmail.com

miércoles, 21 de febrero de 2007

LA BODA DE ROBERT

Robert se llamaba Roberto cuando en los años gloriosos corríamos delante de los grises por los anchos espacios de la ciudad universitaria de Madrid y cuando fuimos al mitin de Tierno Galván en la vieja plaza de toros de Vistalegre porque simpatizábamos con el PSP. Lo leímos casi todo en el Ateneo y matamos el hambre muchos días en los comedores del SEU, donde dejaban repetir el primer plato cuantas veces quisieras. De cuando en cuando consumíamos largos ratos en un antro oscuro y con mucho humo de indefinidos aromas en la calle Libertad. Luego los caminos paralelos devinieron divergentes y el tiempo y la distancia hicieron que la amistad fuera solo un grato recuerdo.
La casualidad a veces existe. No hará más de un año que volví a ver al amigo lejano en la estación Términi de Roma. Fue un reencuentro de lo más agradable, como si nos quitásemos de golpe treinta años de encima. Hablamos de las prosas de nuestras vidas y, como siempre ocurre en estos casos, decidimos que volveríamos a vernos. Es más, Roberto, ahora Robert, me dijo que se iba a casar y que me invitaría a la boda. No le pregunté ni con quién, ni cuándo, ni dónde.
Hace un par de meses me llegó su invitación para la boda. La abrí y me enteré, no sin sorpresa, que Robert se casaba con Jordi en el mes de febrero en una de las islas pitiusas. No podía faltar, se lo había prometido. Allá que fui. No hubo arroz y sí pétalos de flor de almendro, que ahora están todos hermosos de blancura en las islas mediterráneas. En la ceremonia hubo lecturas varias, poemas de Neruda y de Lorca (no es sorpresa si digo que bien elegidos de “Sonetos del amor oscuro”); yo mismo leí uno de Antonio Gala que me parece la pasión encendida, no sé si ángel o diablo. El “piquito” que se dieron Robert y Jordi, mientras les llovían flores blancas, fue de lo más tierno. (Entonces se me vino a la mente una imagen de Roberto de tantos años atrás que nos salvó del calabozo, cuando le puso una piedra en las narices a un gris que estaba para echarnos el guante). Fui feliz con ellos en la ceremonia y, más aún, el día que pasamos juntos. Jordi es encantador, culto y dicharachero; debe tener diez o doce años menos que Robert. Creo que Roberto ha acertado una vez más en la vida; y me alegro.

viernes, 9 de febrero de 2007

VALORES DE ACCIÓN DE UN LÍDER

Es un hecho que las grandes ciudades necesitan grandes líderes. Giuliani hizo de Nueva York una ciudad sin miedo al metro, Maragall llevó a Barcelona a lo que hoy es, una ciudad cosmopolita, Francisco Vázquez dotó a La Coruña de personalidad, Madrid, guste o no, tiene un alcalde que va a dejar huella. Toledo lleva levitando años, esperando su mágico prodigioso. Y en esas andamos, como Diógenes en el ágora con el candil, buscando el hombre.
Toledo, como gran ciudad que es, espera líder. Un líder de ciudad tiene que ser necesariamente no el “rey del ladrillo”, no el “encantador de serpientes”, no el señor de los discursos vacíos, sino el “líder de los valores”.
Los valores son formas de encarar el mundo, de comportamiento esencial, profundamente arraigados. Estos pueden tener muchos orígenes: la familia, la religión, la escuela, la gente que admiramos, la cultura… Muchos de estos valores se adquieren y se interiorizan durante el periodo infantil de las personas, y otros los adoptamos cuando somos adultos.
Los valores ciudadanos que debe representar un líder son esencialmente valores de persona adulta. Suele haber una diferencia entre los valores "declarados" (aquellos que proclamamos en público) y los "valores en acción" (los que realmente guían nuestra conducta). Alguna vez conviene pararse a pensar que no concuerdan los hechos con los discursos.
De los valores universales hablamos mucho: la solidaridad, la tolerancia, el respeto… pero sucede que se quedan en la retórica.
De los valores que rigen de verdad la conducta se habla menos; estos están tan integrados en nuestros "circuitos" menos conscientes ,que apenas reparamos en ellos. Rara vez los llevamos a la superficie para cuestionarlos. Por eso, crean disonancia. Y, por eso, el líder de una ciudad, más que de los valores universalmente asumidos, debe representar la bandera de la ética de los valores de la conducta ordinaria. Por ahí empiezan a crecer las ciudades con orden y concierto.
Toledo necesita un líder efectivo cuya gran contribución puede ser, y debe ser, aclarar el sistema de valores y darle aliento a la vida. Y sé que esto no es un gran proyecto que sorprenda, ni un tranvía, ni un palacio de congresos, ni un discurso bonito, pero estoy seguro de que sería un excelente pedestal para construir una ciudad social y humanamente habitable.

jueves, 1 de febrero de 2007

TOLEDO: LA CIUDAD DE LOS PROYECTOS


Toledo ya está en campaña electoral para renovar munícipes. Esperemos que esta renovación sea profunda y con contenido. Habrá que hacer el caso justo a las excelencias que se avisan. Esto no ha hecho nada más que empezar; según pregonan los que buscan el sillón del águila, ésta va a ser la ciudad, si no de los prodigios, sí de los proyectos. Por ahora sólo sabemos eso, que va a haber proyectos y que van a ser sorprendentes. A mi ya, la verdad, no me sorprende nada. Este es un modelo de creación de expectativas que está ya muy visto en las campañas de publicidad: durante un cierto tiempo se dice que va a ocurrir algo que no se nombre y, cuando ya está sembrado el campo de la sorpresa, se dice qué es la maravilla que se vende. Luego lo asombroso es, en muchas ocasiones, como en el famoso parto de los montes que se anunciaba con mucha balumba, un pequeño ratón.
El hecho es que tirios y troyanos, si volvemos la vista atrás, han ido haciendo de Toledo una ciudad “de ratones”, algunos muy bonitos, pero ratones, al fin y al cabo. Quiero decir con esto que obras son amores y no buenas razones y que los discursos, vengan de dios o del diablo, por un oído me entran y por otro me salen y que todos me parecen, hasta ahora, brindis al sol.
Si los discurseadores leyeran un poco y, además su lectura fuera sobre Gorgias, que era un filósofo griego de los más antiguos, aprenderían lo que este sabio intenta demostrar: la no coincidencia entre la realidad, el pensamiento y la palabra. Esto en el discurso y la realidad política universal, nacional y local es de lo más corriente. Así mismo este sofista extiende su relativismo a la ética. Por eso piensa que la seducción, la ilusión y el engaño quedan justificados en la oratoria y, por tanto el orador ha de ser maestro de seducción. Es este escaso espacio para explicar bien lo de Gorgias, pero vaya la pincelada para hacer notar que la sociedad, especialmente en época electoral, ni es crédula, ni está modorra, ni es tonta, y prefiere antes los hechos que las palabras, la realidades que la teoría de los proyectos y la veracidad más que el humo de los discursos seductores pero vacuos.
Toledo es una ciudad prodigiosa que merece algo más que ediles que calientan escaño durante años sin abrir la boca. Necesita proyectos, pero no proyectos personales, sino proyectos de ciudad para la convivencia de los ciudadanos.
http://www.antonioillan.blogspot.com

domingo, 21 de enero de 2007

EL CONDE LUCANOR -CUENTO XI-

Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, el mago de Toledo


Otro día hablaba el Conde Lucanor con Patronio y le dijo lo siguiente:
-Patronio, un hombre vino a pedirme que le ayudara en un asunto en que me necesitaba, prometiéndome que él haría por mí cuanto me fuera más provechoso y de mayor honra. Yo le empecé a ayudar en todo lo que pude. Sin haber logrado aún lo que pretendía, pero pensando él que el asunto estaba ya solucionado, le pedí que me ayudara en una cosa que me convenía mucho, pero se excusó. Luego volví a pedirle su ayuda, y nuevamente se negó, con un pretexto; y así hizo en todo lo que le pedí. Pero aún no ha logrado lo que pretendía, ni lo podrá conseguir si yo no le ayudo. Por la confianza que tengo en vos y en vuestra inteligencia, os ruego que me aconsejéis lo que deba hacer.
-Señor conde -dijo Patronio-, para que en este asunto hagáis lo que se debe, mucho me gustaría que supierais lo que ocurrió a un deán de Santiago con don Illán, el mago que vivía en Toledo.
El conde le preguntó lo que había pasado.
-Señor conde -dijo Patronio-, en Santiago había un deán que deseaba aprender el arte de la nigromancia y, como oyó decir que don Illán de Toledo era el que más sabía en aquella época, se marchó a Toledo para aprender con él aquella ciencia. Cuando llegó a Toledo, se dirigió a casa de don Illán, a quien encontró leyendo en una cámara muy apartada. Cuando lo vio entrar en su casa, don Illán lo recibió con mucha cortesía y le dijo que no quería que le contase los motivos de su venida hasta que hubiese comido y, para demostrarle su estima, lo acomodó muy bien, le dio todo lo necesario y le hizo saber que se alegraba mucho con su venida.
»Después de comer, quedaron solos ambos y el deán le explicó la razón de su llegada, rogándole encarecidamente a don Illán que le enseñara aquella ciencia, pues tenía deseos de conocerla a fondo. Don Illán le dijo que si ya era deán y persona muy respetada, podría alcanzar más altas dignidades en la Iglesia, y que quienes han prosperado mucho, cuando consiguen todo lo que deseaban, suelen olvidar rápidamente los favores que han recibido, por lo que recelaba que, cuando hubiese aprendido con él aquella ciencia, no querría hacer lo que ahora le prometía. Entonces el deán le aseguró que, por mucha dignidad que alcanzara, no haría sino lo que él le mandase.
»Hablando de este y otros temas estuvieron desde que acabaron de comer hasta que se hizo la hora de la cena. Cuando ya se pusieron de acuerdo, dijo el mago al deán que aquella ciencia sólo se podía enseñar en un lugar muy apartado y que por la noche le mostraría dónde había de retirarse hasta que la aprendiera. Luego, cogiéndolo de la mano, lo llevó a una sala y, cuando se quedaron solos, llamó a una criada, a la que pidió que les preparase unas perdices para la cena, pero que no las asara hasta que él se lo mandase.
»Después llamó al deán, se entraron los dos por una escalera de piedra muy bien labrada y tanto bajaron que parecía que el río Tajo tenía que pasar por encima de ellos. Al final de la escalera encontraron una estancia muy amplia, así como un salón muy adornado, donde estaban los libros y la sala de estudio en la que permanecerían. Una vez sentados, y mientras ellos pensaban con qué libros habrían de comenzar, entraron dos hombres por la puerta y dieron al deán una carta de su tío el arzobispo en la que le comunicaba que estaba enfermo y que rápidamente fuese a verlo si deseaba llegar antes de su muerte. Al deán esta noticia le causó gran pesar, no sólo por la grave situación de su tío sino también porque pensó que habría de abandonar aquellos estudios apenas iniciados. Pero decidió no dejarlos tan pronto y envió una carta a su tío, como respuesta a la que había recibido.
»Al cabo de tres o cuatro días, llegaron otros hombres a pie con una carta para el deán en la que se le comunicaba la muerte de su tío el arzobispo y la reunión que estaban celebrando en la catedral para buscarle un sucesor, que todos creían que sería él con la ayuda de Dios; y por esta razón no debía ir a la iglesia, pues sería mejor que lo eligieran arzobispo mientras estaba fuera de la diócesis que no presente en la catedral.
»Y después de siete u ocho días, vinieron dos escuderos muy bien vestidos, con armas y caballos, y cuando llegaron al deán le besaron la mano y le enseñaron las cartas donde le decían que había sido elegido arzobispo. Al enterarse, don Illán se dirigió al nuevo arzobispo y le dijo que agradecía mucho a Dios que le hubieran llegado estas noticias estando en su casa y que, pues Dios le había otorgado tan alta dignidad, le rogaba que concediese su vacante como deán a un hijo suyo. El nuevo arzobispo le pidió a don Illán que le permitiera otorgar el deanazgo a un hermano suyo prometiéndole que daría otro cargo a su hijo. Por eso pidió a don Illán que se fuese con su hijo a Santiago. Don Illán dijo que lo haría así.
»Marcharon, pues, para Santiago, donde los recibieron con mucha pompa y solemnidad. Cuando vivieron allí cierto tiempo, llegaron un día enviados del papa con una carta para el arzobispo en la que le concedía el obispado de Tolosa y le autorizaba, además, a dejar su arzobispado a quien quisiera. Cuando se enteró don Illán, echándole en cara el olvido de sus promesas, le pidió encarecidamente que se lo diese a su hijo, pero el arzobispo le rogó que consintiera en otorgárselo a un tío suyo, hermano de su padre. Don Illán contestó que, aunque era injusto, se sometía a su voluntad con tal de que le prometiera otra dignidad. El arzobispo volvió a prometerle que así sería y le pidió que él y su hijo lo acompañasen a Tolosa.
»Cuando llegaron a Tolosa fueron muy bien recibidos por los condes y por la nobleza de aquella tierra. Pasaron allí dos años, al cabo de los cuales llegaron mensajeros del papa con cartas en las que le nombraba cardenal y le decía que podía dejar el obispado de Tolosa a quien quisiere. Entonces don Illán se dirigió a él y le dijo que, como tantas veces había faltado a sus promesas, ya no debía poner más excusas para dar aquella sede vacante a su hijo. Pero el cardenal le rogó que consintiera en que otro tío suyo, anciano muy honrado y hermano de su madre, fuese el nuevo obispo; y, como él ya era cardenal, le pedía que lo acompañara a Roma, donde bien podría favorecerlo. Don Illán se quejó mucho, pero accedió al ruego del nuevo cardenal y partió con él hacia la corte romana.
»Cuando allí llegaron, fueron muy bien recibidos por los cardenales y por la ciudad entera, donde vivieron mucho tiempo. Pero don Illán seguía rogando casi a diario al cardenal para que diese algún beneficio eclesiástico a su hijo, cosa que el cardenal excusaba.
»Murió el papa y todos los cardenales eligieron como nuevo papa a este cardenal del que os hablo. Entonces, don Illán se dirigió al papa y le dijo que ya no podía poner más excusas para cumplir lo que le había prometido tanto tiempo atrás, contestándole el papa que no le apremiara tanto pues siempre habría tiempo y forma de favorecerle. Don Illán empezó a quejarse con amargura, recordándole también las promesas que le había hecho y que nunca había cumplido, y también le dijo que ya se lo esperaba desde la primera vez que hablaron; y que, pues había alcanzado tan alta dignidad y seguía sin otorgar ningún privilegio, ya no podía esperar de él ninguna merced. El papa, cuando oyó hablar así a don Illán, se enfadó mucho y le contestó que, si seguía insistiendo, le haría encarcelar por hereje y por mago, pues bien sabía él, que era el papa, cómo en Toledo todos le tenían por sabio nigromante y que había practicado la magia durante toda su vida.
»Al ver don Illán qué pobre recompensa recibía del papa, a pesar de cuanto había hecho, se despidió de él, que ni siquiera le quiso dar comida para el camino. Don Illán, entonces, le dijo al papa que, como no tenía nada para comer, habría de echar mano a las perdices que había mandado asar la noche que él llegó, y así llamó a su criada y le mandó que asase las perdices.
»Cuando don Illán dijo esto, se encontró el papa en Toledo, como deán de Santiago, tal y como estaba cuando allí llegó, siendo tan grande su vergüenza que no supo qué decir para disculparse. Don Illán lo miró y le dijo que bien podía marcharse, pues ya había comprobado lo que podía esperar de él, y que daría por mal empleadas las perdices si lo invitase a comer.
»Y vos, señor Conde Lucanor, pues veis que la persona a quien tanto habéis ayudado no os lo agradece, no debéis esforzaros por él ni seguir ayudándole, pues podéis esperar el mismo trato que recibió don Illán de aquel deán de Santiago.
El conde pensó que era este un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.
Y como comprendió don Juan que el cuento era bueno, lo mandó poner en este libro e hizo los versos, que dicen así:
Cuanto más alto suba aquel a quien ayudéis,
menos apoyo os dará cuando lo necesitéis.

miércoles, 17 de enero de 2007

OCHOCIENTOS AÑOS DEL POEMA DE MÍO CID


El manuscrito conservado del Poema de Mío Cid fija la fecha de su escritura en el año 1245 de la Era Hispánica, es decir, el 1207 de la Cristiana, que es la que se ha universalizado. Por tanto, estamos ante la conmemoración del octavo centenario de uno de los mayores monumentos de la lengua y la literatura castellanas. Castilla-La Mancha debiera apuntarse a esta celebración, aunque no nos pille tan de cerca como el aniversario de la publicación de El Quijote.
La rica tradición épica castellana, de la que dan abundante testimonio las prosificaciones de las crónicas medievales, alcanzó tempranamente su cota más alta con el Poema de Mío Cid.

El Cantar es ante todo la historia de un héroe épico arquetípico que recupera su honra por el esfuerzo de su brazo, es decir, la peripecia de un comportamiento humano enraizado en unas circunstancias históricas, sociales, económicas y humanas concretas, transformadas artísticamente en materia poética. Es la glorificación y mitificación de Rodrigo, pero también lo es de Castilla y lo castellano. Además, con ironía y sentido del humor, busca el rebajamiento moral y social de las clases aposentadas y una glorificación de los de abajo. No conviene hacer esta lectura con un sentido histórico, sino mítico y literario, pues la historia no es nada rigurosa; no hay algo más falso que lo del “juicio de Dios” en Toledo o el episodio del casamiento de las hijas del Cid con los Infantes de Carrión.
El entorno vital en el que se mueve el Cid, desde sus destierros de Burgos hasta la conquista de Valencia, según los relatos del Cantar, engloba tierras de las actuales Comunidades de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Valencia. Además Castilla-La Mancha, pionera en tratar con rigor los asuntos de “malos tratos”, puede encontrar en el Cantar un caso legendario de este asunto, el que tuvo lugar en el del robledal de Corpes.
El poema merece, cuando menos, el homenaje de su lectura, pues, no en vano, el Cid es uno de los mitos literarios más trascendentes de entre los que España ha aportado a la cultura universal, encontrándose al mismo nivel que el Roldán francés, el Sigfrido alemán, el Aquiles griego o el Eneas romano.
Hay motivos para la lectura y para la celebración.

martes, 9 de enero de 2007

EL LABERINTO DE DON ILLÁN


Si el tiempo puede servir como gran laberito, moviendo y desorientando al protagonista, entonces algunos laberintos pueden ser vistos como senderos circulares. El cuento de Borges El brujo postergado cuestiona la fuerza de la realidad o la contrapone a la fuerza de lo mágico. En el cuento, la jornada, o el laberinto, es dictada por la interacción de la realidad y la magia. Tiende a ser circular el recorrido. Principio y fin se encuentran. En el cuento borgiano, El brujo postergado, traslación del original que se encuentra en El Conde Lucanor, El Deán de Santiago va a Toledo para aprender el arte de la magia del famoso brujo Don Illán. Don Illán acepta enseñarle al Deán, y el Deán le promete a Don Illán que nunca le olvidará. Mientras el Deán estudia, comienza el recorrido fantástico, el sueño. Dos hombres llegan y le dicen al Deán que ha sido nombrado Obispo. Don Illán le pide el deanazgo vacante para su hijo, pero el nuevo Obispo le dice que el puesto lo tiene reservado para su propio hermano. Eventualmente de Obispo llega a ser nombrado Arzobispo y otra vez se niega a darle el vacante obispado a Don Illán para su hijo. Se repite lo mismo cuando el Arzobispo es nombrado Cardenal y hasta cuando por fin llega ser nombrado Papa. Se sucede la negativa. Como Papa, el anterior Deán de Santiago proclama que Don Illán no es más que un brujo y lo manda a la cárcel. Don Illán anuncia que va a regresar a Toledo, y el "Papa", que no es tal, sólo un viaje mágico de la imaginación, se encuentra a pie de las escaleras de Don Illán en Toledo, otra vez Deán de Santiago. Habiendo seguido el sendero de su laberinto circular, el Deán ahora se da cuenta de que su realidad estuvo confundida. Sabe que la magia es más fuerte que la realidad –la magia parecía ser la realidad. Entonces tal vez un sueño puede ser la realidad para alguien y viceversa. Tal vez su jornada fue real, pero ahora que es el Deán de Santiago otra vez, lo que pasó no importa. Pero sí es consciente ante don Illán de su soberbia, su deslealtad y su falta de correspondencia con quien le enseñaba sus saberes. Suyo fue un laberinto en que se borró la linea entre la realidad y la magia. En El brujo postergado el sueño mismo es el laberinto.

OS RECOMIENDO LA LECTURA DEL CUENTO DE BORGES O, MEJOR AÚN, EL DE EL CONDE LUCANOR. ASÍ SABRÉIS MÁS SOBRE "DON ILLÁN EL MÁGICO DE TOLEDO". O, si queréis, me invitáis a cenar unas perdices y lo escucháis de viva voz.

EL AÑO DE FRANCISCO DE ROJAS


Esta año 2007 tenemos el honor de celebrar en Toledo el cuarto centenario del nacimiento del dramaturgo Francisco de Rojas Zorrilla. Su nombre figura al frente del teatro de la localidad y, según tengo entendido, a lo largo del año se va a ir recordando su figura. Lo merece de veras, por lo que fue y por lo que significa su teatro, no en vano fue el gran innovador de la comedia de figurón y ¡hay que ver lo que ha dado de sí en estos cuatrocientos años tal género! Quien quiera profundizar que lea, o vea, si puede, “Entre bobos anda el juego”. Estas comedias de “figurón” eran una variedad de las llamadas de “carácter”, que, en el teatro español del siglo XVII, presentaban un protagonista ridículo o pintoresco.
Además de por lo del “figurón”, que ya sería suficiente para rendirle un homenaje al insigne escritor toledano, Rojas Zorrilla debiera ser celebrado muy expresamente por el Instituto de la Mujer, pues parte de sus obras se caracteriza por singulares y arriesgadas temáticas poco frecuentes en su tiempo, como fueron las de reivindicar, no sólo el honor, sino la condición de la mujer, a la que concede por primera vez en el teatro libertad de acción, permitiéndole ser vengadora por sí misma de su honor mancillado, y no a través de familiares cercanos. Para muestra de lo que digo puede leerse la pieza “Cada cual lo que le toca”, obra que recibió la repulsa de un público que no estaba acostumbrado a semejantes desenlaces.
A Rojas Zorrilla hay que celebrarlo, además de por lo dicho, por ser un excelente autor trágico, cómico y religioso, y en algunas de sus comedias, como “La vida en el ataúd”, se puede considerar “tremendista”. Sus piezas, en lo trágico, presentan una violencia casi romántica en los finales con abundante sangre. En lo cómico, las obras son de enredos hábiles y acciones animadas con mucha gracia y abundantes travesuras;
“Abre el ojo” es un buen regalo en este tema, que esperemos que se reponga en la versión que hizo Paco Plaza. En lo religioso, escribió varios autos sacramentales siguiendo a Calderón en argumentos y motivos, así como comedias de santos, que, según mi criterio, ponen de manifiesto la indiferencia de Rojas por estos temas.
Esperemos que Toledo, en la efeméride, no sólo recuerde a este hijo predilecto, sino que lo reivindique, lo actualice, lo enaltezca y lo represente.